{"id":21482,"date":"2020-06-17T10:39:32","date_gmt":"2020-06-17T13:39:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/?p=21482"},"modified":"2020-06-17T10:39:32","modified_gmt":"2020-06-17T13:39:32","slug":"testimonio-la-vida-y-la-muerte-en-la-primera-pandemia-global","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/testimonio-la-vida-y-la-muerte-en-la-primera-pandemia-global\/","title":{"rendered":"Testimonio: LA VIDA Y LA MUERTE EN LA PRIMERA PANDEMIA GLOBAL"},"content":{"rendered":"\n<p style=\"font-size:17px\" class=\"has-background has-luminous-vivid-amber-background-color\">El presb\u00edtero <strong>Carlos Mar\u00eda Galli,<\/strong> decano de la Facultad de Teolog\u00eda de la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica Argentina, reflexiona sobre \u201cLa vida y la muerte en la primera pandemia global\u201d.  \u201cLa pandemia revela que la muerte tiene m\u00e1s poder que los imperios. No obstante, la mayor\u00eda de los contagiados se curar\u00e1. La enfermedad ser\u00e1 vencida por el amor responsable de todos y los aportes de la ciencia de unos en favor de la salud de todos\u201d, afirma, y sostiene: \u201cMientras hay vida, hay esperanza\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl ser humano tiene esperanza porque vive y tiene vida porque espera. Pero \u00bfqui\u00e9n har\u00e1 justicia a los que murieron solos por un contagio ocasional de un portador asintom\u00e1tico sin una palabra de amor? \u00bfQui\u00e9n dar\u00e1 vida a los que fallecieron de forma s\u00fabita sin recibir atenci\u00f3n?\u201d, pregunta el padre Galli.<\/p>\n\n\n\n<p>El sacerdote argentino subraya que \u201cla pandemia muestra que las utop\u00edas del progreso indefinido o de una tierra sin males se estrellan en el muro de la muerte\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNo hacen justicia a las v\u00edctimas de la peste, ni de la violencia, ni de la exclusi\u00f3n, no salvan a los muertos de todos los tiempos. No fundan una esperanza universal para quienes murieron injustamente, como notaron los fil\u00f3sofos de la Escuela de Frankfurt. Theodor Adorno postul\u00f3 una cierta resurrecci\u00f3n para revocar la injusticia sufrida por los inocentes, que parece tener la \u00faltima palabra. Como si la esperanza de justicia reclamara la fe en la vida eterna\u201d, agrega.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>ARTICULO COMPLETO DEL PADRE CARLOS MARIA GALLI<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo pascual celebra el triunfo de la Vida de Dios sobre la muerte del hombre en tiempos de la primera pandemia global. Esta pandemia es la primera que expresa plenamente el significado de la<br>palabra griega, formada por \u2018pan\u2019 (todo) y \u2018demos\u2019 (pueblo). Designa una enfermedad que afecta a todo un pueblo. Por la globalizaci\u00f3n del transporte, el coronavirus se expande a todos los pueblos en la nueva \u2018cosmo-polis\u2019. Hay v\u00edctimas del virus en todos los continentes. Muchas personas mayores mueren tambi\u00e9n en pa\u00edses con alta calidad de vida. Mueren solas, sin las caricias del afecto ni los signos de la fe. Nadie puede acompa\u00f1arlas, no hay despedidas ni velatorios, los parientes no pueden llorar juntos, los duelos duelen m\u00e1s. Adem\u00e1s, mueren m\u00e9dicos y enfermeras como m\u00e1rtires del cuidado. El Domingo de Pascua, en Italia, hab\u00eda 105 sacerdotes muertos. Profesionales de la salud y ministros de la fe somos parteros de este parto.<\/p>\n\n\n\n<p>Las pantallas muestran im\u00e1genes desgarradoras en tiempo real. Recuerdan la visi\u00f3n del cap\u00edtulo 37 del profeta Ezequiel: un valle lleno de huesos secos, una met\u00e1fora de la devastaci\u00f3n. Escuchamos<br>cifras de los que mueren: ac\u00e1 y all\u00e1, tantos por mill\u00f3n, por infectados, por habitantes.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u2018world map\u2019 de la Universidad Johns Hopkins actualiza las estad\u00edsticas. En el d\u00eda que escribo estas l\u00edneas, ya son 170.000 los muertos. Solo sus familiares saben sus nombres, aunque no puedan ver sus rostros. Al mismo tiempo, medios y redes exhiben formas in\u00e9ditas de colaboraci\u00f3n solidaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando un ser humano nace, todo es incierto menos dos cosas: hoy vive y un d\u00eda morir\u00e1. Pero hay un abismo entre el brillo de los ojos del beb\u00e9 y la evanescencia de la mirada del moribundo. Como tantos curas, en m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os acompa\u00f1\u00e9 a morir a muchos. La luz de sus ojos se fue apagando antes de que se cerraran. Entonces, la mirada anticip\u00f3 la partida.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay muchas formas de muerte, del hambre a las enfermedades, de la guerra a las drogas. El a\u00f1o 2020 trajo otra cercan\u00eda con la muerte que causa angustia y miedo porque puede llegar de golpe por un contacto fugaz. El poder letal del virus invisible expone que somos vulnerables. Debemos cuidarnos y cuidar. Nadie es un dios. Todos somos mortales. La muerte nos hermana.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta epidemia, los ni\u00f1os y los j\u00f3venes est\u00e1n m\u00e1s protegidos de la muerte. Pueden mirar m\u00e1s lejos para cuidar de la familia humana y de nuestra casa com\u00fan. La juventud es s\u00edmbolo de esperanza. El joven tiene m\u00e1s futuro que pasado. Est\u00e1 abierto al porvenir, aunque hoy muchos sientan incertidumbre y temor. La infancia tambi\u00e9n es icono de esperanza, incluso en la Argentina, donde la mitad de los chicos est\u00e1 bajo el umbral de la pobreza. El ni\u00f1o es el arquetipo de una esperanza sin l\u00edmites. En cuanto estructura simb\u00f3lica permanente de la existencia, la infancia mantiene vivo el sentido del ser como don y dispone a recibir lo que se espera con confianza.<\/p>\n\n\n\n<p>En su extenso poema \u2018El p\u00f3rtico del misterio de la segunda virtud\u2019, Charles P\u00e9guy present\u00f3 las tres virtudes teologales con figuras femeninas: la fe como esposa, la caridad como madre y la esperanza como ni\u00f1a. Muchos, siendo peque\u00f1os, fuimos sostenidos por los brazos de personas grandes; siendo mayores, levantamos entre dos a un ni\u00f1o fr\u00e1gil que empujaba hacia adelante. Para el poeta, las hermanas mayores llevan a la peque\u00f1ita y, a la vez, son movidas por su fuerza. La esperanza las arrastra con su vitalidad. La \u2018ni\u00f1ita esperanza\u2019 asombra porque ella sola, en situaciones cr\u00edticas, hace que los seres humanos esperen que las cosas pueden mejorar. Padres y madres trabajan por sus hijos e hijas movidos por la esperanza. Ella es parad\u00f3jica: halla fuerza en la debilidad y grandeza en la peque\u00f1ez. Es coherente con la fe en un Dios que, siendo M\u00e1ximo, se hizo M\u00ednimo del pesebre a la cruz y sigue presente en los m\u00e1s peque\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>La pandemia revela que la muerte tiene m\u00e1s poder que los imperios. No obstante, la mayor\u00eda de los contagiados se curar\u00e1. La enfermedad ser\u00e1 vencida por el amor responsable de todos y los aportes de la ciencia de unos en favor de la salud de todos. Mientras hay vida, hay esperanza. El ser humano tiene esperanza porque vive y tiene vida porque espera. Pero \u00bfqui\u00e9n har\u00e1 justicia a los que murieron solos por un contagio ocasional de un portador asintom\u00e1tico sin una palabra de amor? \u00bfQui\u00e9n dar\u00e1 vida a los que fallecieron de forma s\u00fabita sin recibir atenci\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p>La pandemia muestra que las utop\u00edas del progreso indefinido o de una tierra sin males se estrellan en el muro de la muerte. No hacen justicia a las v\u00edctimas de la peste, ni de la violencia, ni de la exclusi\u00f3n, no salvan a los muertos de todos los tiempos. No fundan una esperanza universal para quienes murieron injustamente, como notaron los fil\u00f3sofos de la Escuela de Frankfurt. Theodor Adorno postul\u00f3 una cierta resurrecci\u00f3n para revocar la injusticia sufrida por los inocentes, que parece tener la \u00faltima palabra. Como si la esperanza de justicia reclamara la fe en la vida eterna.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>SIGNOS DE ESPERANZA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Como dec\u00eda Olegario Gonz\u00e1lez de Cardedal, una esperanza plena debe acreditarse en la vida, transform\u00e1ndola, y ante la muerte, trascendi\u00e9ndola. Aqu\u00ed el cristianismo es un signo de esperanza para<br>toda la humanidad porque cree que Jes\u00fas es el Dios crucificado y el primer hombre resucitado.<\/p>\n\n\n\n<p>En Jes\u00fas, Dios se hizo hombre, comparti\u00f3 nuestro destino, asumi\u00f3 la muerte. No vino a explicar el dolor, sino a llenarlo de su presencia. En la cruz, Dios toma el lugar del inocente que se siente abandonado. En la cruz, Dios est\u00e1 en el Crucificado. All\u00ed nos sentimos acompa\u00f1ados por el Dios que ama la vida y no quiere pandemias que hagan sufrir. All\u00ed el poder de Dios atraviesa la debilidad, y la muerte ya no tiene poder. Al mirar el Crucifijo de la peste romana de 1522, que presidi\u00f3 las oraciones del papa Francisco en San Pedro, se puede encontrar amparo en el desamparo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfDONDE ESTA DIOS&#8230;.?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Creemos en un Dios vulnerable por amor que sigue presente en los seres humanos que padecen y en quienes los compadecen y alivian. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Dios en la guardia de un modesto hospital suburbano? En el enfermo y en quien lo cuida, ya sea m\u00e9dico o enfermera. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Dios en la soledad de una terapia intensiva cuando un contagiado por COVID-19 est\u00e1 a punto de morir? El sacerdote que lo visita le puede decir: Dios est\u00e1 en ti, y el enfermo le puede contestar con una se\u00f1a: Dios tambi\u00e9n est\u00e1 en ti. El cristianismo reconoce a Dios en el dolor y en el amor. Jes\u00fas es el \u00fanico ser hist\u00f3rico, que vivi\u00f3 y muri\u00f3 en un momento preciso, de quien afirmamos que ha resucitado. La confesi\u00f3n de fe proclama que Jes\u00fas crucificado ha resucitado. La cruz expresa el amor de Dios que vence la muerte y se vuelve signo de una esperanza universal. Creemos en Jesucristo y esperamos la resurrecci\u00f3n de todos los muertos, aun de los olvidados que Dios no olvida. La comuni\u00f3n amorosa entre vivos y difuntos en la Iglesia trasciende la muerte y nutre una esperanza que responde a la sed de vida eterna y justicia plena.Creemos y amamos al Dios de la esperanza (Rom 15, 13). La esperanza nace del amor de Dios hasta la debilidad de la muerte y de la vida del hombre recibida como don definitivo de Dios.+\n\n<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El presb\u00edtero Carlos Mar\u00eda Galli, decano de la Facultad de Teolog\u00eda de la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica Argentina, reflexiona sobre \u201cLa vida y la muerte en la primera pandemia global\u201d. \u201cLa pandemia revela que la muerte tiene m\u00e1s poder que los imperios. 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