{"id":34044,"date":"2021-11-14T18:05:00","date_gmt":"2021-11-14T21:05:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/?p=34044"},"modified":"2021-11-14T13:13:17","modified_gmt":"2021-11-14T16:13:17","slug":"mons-marino-presidio-la-misa-de-clausura-de-la-asamblea-plenaria-de-la-cea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/mons-marino-presidio-la-misa-de-clausura-de-la-asamblea-plenaria-de-la-cea\/","title":{"rendered":"MONS MARINO PRESIDI\u00d3 LA MISA DE CLAUSURA DE LA ASAMBLEA PLENARIA DE LA CEA."},"content":{"rendered":"\n<p>La \u00faltima jornada de la 119\u00b0 Asamblea Plenaria de la\nConferencia Episcopal Argentina inici\u00f3 con la celebraci\u00f3n de la Misa presidida\npor Monse\u00f1or Antonio Marino, Obispo em\u00e9rito de la Di\u00f3cesis de Mar del Plata, en\nacci\u00f3n de gracias\npor la pr\u00f3xima celebraci\u00f3n de sus 50 a\u00f1os de sacerdocio.<\/p>\n\n\n\n<p>En el marco de la Asamblea de la CEA, Mons Antonio Marino,\npresidio el viernes la Eucarist\u00eda junto a casi un centenar de obispos en\ncelebraci\u00f3n por los 50 a\u00f1os de su vida sacerdotal. <\/p>\n\n\n\n<p>En la fiesta se San Josafat, Mons Marino habl\u00f3 de la\nfidelidad de Dios y del profundo amor que siente a la Iglesia y que ha\nexperimentado a lo largo de estos 50 a\u00f1os de Ministro del Se\u00f1or en los\ndistintos oficios que ha llevado adelante. <\/p>\n\n\n\n<p><strong>Homil\u00eda de Mons Antonio Marino <a href=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/homilia-san-josafat-en-cea-jubileo-50o\/\">(bajar desde aqu\u00ed)<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-container-2 wp-block-gallery-1 wp-block-gallery columns-3 is-cropped\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" width=\"461\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/108ef029-aeba-4aee-b544-644d11897d70-461x1024.jpg\" alt=\"\" data-id=\"34046\" data-full-url=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/108ef029-aeba-4aee-b544-644d11897d70.jpg\" data-link=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/?attachment_id=34046\" class=\"wp-image-34046\"\/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" width=\"461\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/559e98be-deb6-45b3-afde-7589ba265d28-461x1024.jpg\" alt=\"\" data-id=\"34047\" data-full-url=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/559e98be-deb6-45b3-afde-7589ba265d28.jpg\" data-link=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/?attachment_id=34047\" class=\"wp-image-34047\"\/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" width=\"461\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/fdea0e06-25ae-4442-8ac6-8fe563ebc4ed-461x1024.jpg\" alt=\"\" data-id=\"34049\" data-full-url=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/fdea0e06-25ae-4442-8ac6-8fe563ebc4ed.jpg\" data-link=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/?attachment_id=34049\" class=\"wp-image-34049\"\/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"461\" src=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/e93d8b20-0eb8-47c3-9ca8-0e8e256b72bc-1024x461.jpg\" alt=\"\" data-id=\"34048\" data-full-url=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/e93d8b20-0eb8-47c3-9ca8-0e8e256b72bc.jpg\" data-link=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/?attachment_id=34048\" class=\"wp-image-34048\"\/><\/figure><\/li><\/ul><\/figure>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cYo hago nuevas todas las cosas\u201d<\/em><\/strong> (Apoc 21,5)<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Homil\u00eda en la memoria de San Josafat<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Con ocasi\u00f3n del 50\u00ba aniversario de ordenaci\u00f3n sacerdotal de Mons. Antonio Marino<\/em> &#8211; 12 de noviembre de 2021<br>Pilar (Bs.As.), \u201cEl Cen\u00e1culo\u201d<br>119\u00aa Asamblea Plenaria de la CEA<\/p>\n\n\n\n<p>Agradezco la invitaci\u00f3n a presidir esta\nEucarist\u00eda, con ocasi\u00f3n de mi Jubileo, puesto que el 27 de noviembre de este\na\u00f1o cumplir\u00e9, Dios mediante, cincuenta a\u00f1os de ordenaci\u00f3n sacerdotal.<\/p>\n\n\n\n<p>Tanto el pasaje del libro de la Sabidur\u00eda que\nescuchamos en primer lugar, como el Salmo 18, nos presentan el universo como un\nlenguaje que sin palabras nos habla a las claras de Dios como su Art\u00edfice. Pero\nel libro de la Sabidur\u00eda, con visi\u00f3n semejante a la que encontramos en la Carta\nde San Pablo a los Romanos, tambi\u00e9n hace patente un drama: en vez de\nencontrarse con el \u00fanico Autor de todas las cosas, los hombres terminaron\nadorando los elementos de este mundo, cayendo en la idolatr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas afirmaciones de la Sagrada Escritura cobran\nactualidad en esta etapa de la cultura actual, principalmente en los grandes\ncentros urbanos con impronta secularista. Cuando escuchamos los reclamos que\ndesde la ciencia hacen los ecologistas, no podemos menos que recibir con\naprobaci\u00f3n muchas de sus advertencias. Y cuando los estudiosos nos hablan de la\nevoluci\u00f3n y sus leyes, y los f\u00edsicos y astr\u00f3nomos nos hablan de los misterios\ndel universo, los escuchamos con asombro y mucho respeto. Pero pronto\npercibimos que en lugar de escuchar y ver la presencia de Dios en la\nnaturaleza, prevalece la fascinaci\u00f3n de una ciencia que con frecuencia est\u00e1\ncerrada a una mirada religiosa. La ciencia moderna parecer\u00eda haber arrebatado a\nla religi\u00f3n la comprensi\u00f3n profunda del mundo. Como si la apertura a la\ntrascendencia y a lo que excede el \u00e1mbito de la ciencia emp\u00edrica, significara\nel abandono de la raz\u00f3n y el ingreso en el mundo del puro sentimiento y de las\nemociones. Estamos ante el equivalente de la idolatr\u00eda que denuncian tanto el\nlibro de la Sabidur\u00eda como San Pablo. Vincular nuevamente el libro de la\nnaturaleza con la luz que nos viene del libro de la Palabra de Dios, forma\ntambi\u00e9n parte de la agenda pastoral de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>En el evangelio de San Lucas, Jes\u00fas nos exhorta a\nuna permanente actitud de vigilia y a no perder el tiempo, ocupados en lo\ninmediato y despreocupados de lo definitivo. Lo mismo que en tiempos de No\u00e9\nantes del diluvio y en tiempos de Lot antes de la cat\u00e1strofe de Sodoma, podemos\nser inconscientes, o distra\u00eddos y divertidos ante lo \u00fanico serio, cuando seg\u00fan\nJes\u00fas deber\u00edamos estar dispuestos a dar la propia vida con tal de salvarnos. El\ndisc\u00edpulo de Cristo debe crecer siempre en el arte de interpretar el tiempo,\nporque en definitiva, en cualquier momento y lugar puede venir a buscarnos el\nHijo del hombre. <\/p>\n\n\n\n<p>Con los ojos iluminados por la fe para\ninterpretar su tiempo y las se\u00f1ales de Dios, ha vivido San\nJosafat, obispo y m\u00e1rtir, cuya memoria celebramos. Nacido en Lituania en 1580,\nde padres ortodoxos y convertido al catolicismo. Permaneci\u00f3 en el rito\ngreco-cat\u00f3lico-eslavo e hizo de la unidad de la Iglesia su causa y su pasi\u00f3n.\nSus bi\u00f3grafos lo describen como un celoso pastor que se propuso la reforma del\nclero secular y la purificaci\u00f3n de la Iglesia. Convoc\u00f3 s\u00ednodos, compuso un\ncatecismo, y se destac\u00f3 por su atenci\u00f3n a los pobres, enfermos y prisioneros.\nEn tiempos de s\u00ednodo y sinodalidad, su figura puede ser inspiradora. Por la\ngran causa que se propuso sufri\u00f3 la persecuci\u00f3n de enemigos externos e\ninternos. Y consciente del peligro que corr\u00eda, con 43 a\u00f1os de edad afirm\u00f3 con\nlucidez antes de morir en 1623: \u201cEstoy\npronto a morir por la sagrada uni\u00f3n, por el primado de San Pedro y del Romano\nPont\u00edfice\u201d. <\/p>\n\n\n\n<p>En este marco sucinto deseo inscribir mi breve\nreflexi\u00f3n sobre los cincuenta a\u00f1os transcurridos desde mi ordenaci\u00f3n\nsacerdotal.<\/p>\n\n\n\n<p>La misi\u00f3n\ndel sacerdote y del obispo, en sus \u00e1mbitos respectivos, incluye esta tarea\npedag\u00f3gica esencial de saber interpretar nuestra historia, manteniendo vivo el\nanhelo de la segunda venida del Se\u00f1or, que es recordada en cada Eucarist\u00eda. Es\nnuestro oficio despertar el ardiente deseo del encuentro definitivo con Cristo\nal t\u00e9rmino de nuestra vida personal, como Buen Pastor y Juez misericordioso. Y\ntambi\u00e9n sostener la vigilante atenci\u00f3n a sus venidas cotidianas en la vida de\nla Iglesia, del mundo, de nuestra patria; en las cosas que suceden en nuestras\nrelaciones de familia y en nuestro entorno de cada d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En estos\ncincuenta a\u00f1os de ministerio, primero como simple sacerdote y luego como\nobispo, en la extensa experiencia pastoral y con el auxilio del Se\u00f1or, he\naprendido muchas cosas. Elijo solo algunas para compartir con ustedes.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante todo\nel amor a la Iglesia. El verdadero amor hacia ella consiste en amarla tal cual\nes y como ha sido, sin nunca tomar distancia de ella, a causa de las manchas y\npecados de sus hijos. Amo a la Iglesia real de la que soy miembro. Ella es\ninseparable de Cristo quien la fund\u00f3 y la hizo su esposa para siempre. La amo\nen toda su larga historia de dos milenios, desde sus or\u00edgenes hasta el d\u00eda de\nhoy. No me hacen retroceder los esc\u00e1ndalos que nos averg\u00fcenzan a todos, ni sus\ncrisis y tensiones del presente; como tampoco los errores del pasado me\nconvierten en su detractor. La Iglesia no es tal sino por su uni\u00f3n esencial con\nCristo quien la hace santa. Por eso mismo, el peso de su santidad esencial es\nsiempre mayor que el pecado de sus hijos. Ella es mi casa y mi madre. En ella\nnac\u00ed por el bautismo; a ella me glor\u00edo de pertenecer; ella model\u00f3 mi alma, mi\nmentalidad; desde ni\u00f1o me concedi\u00f3 todo bien; en ella quiero vivir y morir.<\/p>\n\n\n\n<p>Aprend\u00ed\ntambi\u00e9n a esperar y abrirme a los tiempos y caminos de Dios, que son muy\ndistintos de los nuestros. Un d\u00eda llega en que uno entiende que la tardanza de\nDios en responder, por momentos agobiante para nosotros, tiene una l\u00f3gica\ntrascendente, de la que cada tanto, \u00c9l nos regala un tenue anticipo del bien\nsuperior que nos prepara, un destello de su gloria que nos hace intuir, m\u00e1s\nall\u00e1 de nuestras representaciones mentales, que todo terminar\u00e1 bien, porque\ncomo dice el Se\u00f1or de la historia en el Apocalipsis: \u201cYo hago nuevas todas las\ncosas\u201d (21,5). Por eso\naprend\u00ed que nuestra vida no fracasa cuando vemos hundirse leg\u00edtimas\nexpectativas y esperanzas apost\u00f3licas. S\u00f3lo fracasa si perdemos la fidelidad en\nnuestro amor a Cristo, verdadero t\u00e9rmino de nuestra esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>Por esto\nmismo, creo que el Esp\u00edritu Santo es la primavera de la Iglesia. Enviado por el\nPadre y por el Hijo, es el encargado de rejuvenecerla. Es \u00c9l quien desbarata\nnuestros pron\u00f3sticos m\u00e1s sombr\u00edos y hace renacer la esperanza de encontrar el\ncamino despu\u00e9s del rigor de las pruebas. \u00c9l es por excelencia&nbsp; <em>Creator\nSpiritus<\/em>,Esp\u00edritu Creador.<\/p>\n\n\n\n<p>He\nconocido muchos obispos y sacerdotes ejemplares, y tambi\u00e9n muchos laicos admirables.\nAlgunos de ellos verdaderos santos sin aureola ni mayor atractivo exterior.\nHace a\u00f1os, las lecturas primero y la vida pastoral despu\u00e9s, me llevaron a\ndescubrir con gozo, que adem\u00e1s de la santidad canonizada, existe en la Iglesia\nuna santidad an\u00f3nima que es muy real. <\/p>\n\n\n\n<p>En el\nministerio pastoral, pude entender m\u00e1s a fondo la ense\u00f1anza de nuestro Divino\nMaestro y Gran Pastor de las ovejas: \u201cseparados de m\u00ed, <em>nada<\/em> pueden hacer\u201d (Jn 15,5). Con San Agust\u00edn pude comprender la\nsabidur\u00eda de sus consejos a un di\u00e1cono de Cartago que le confiaba sus problemas\npastorales con alg\u00fan catec\u00fameno. El santo obispo y doctor afirmaba que, ante\nlas dificultades y la falta de \u00e9xito, sin dejar de hablarle de Dios, es m\u00e1s\nimportante orar por aquel que se nos ha confiado. Lo dec\u00eda as\u00ed: \u201cdeberemos\ndecir muchas cosas, <em>pero m\u00e1s a Dios sobre\n\u00e9l que a \u00e9l acerca de Dios<\/em>\u201d (<em>De\ncathechizandis<\/em> <em>rudibus <\/em>13,18).\nSiendo imprescindibles para el ap\u00f3stol tanto la oraci\u00f3n como la acci\u00f3n, m\u00e1s\npuede la primera que la segunda, porque m\u00e1s puede Dios que el solo hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>No quiero\nsuperar el breve tiempo de una homil\u00eda. Termino leyendo unas palabras que\nescrib\u00ed hace cincuenta a\u00f1os. Fue en la abad\u00eda de Los Toldos, durante los\nejercicios espirituales que realic\u00e9 con mis compa\u00f1eros de curso y de\nordenaci\u00f3n: \u201cT\u00fa conoces mi debilidad, yo conozco tu misericordia. Que la hora\nde mi muerte sea la plenitud y consumaci\u00f3n de mi sacerdocio, al participar de\nla tuya, la Hora sacerdotal por excelencia\u201d. <\/p>\n\n\n\n<p>Mons Antonio Marino<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La \u00faltima jornada de la 119\u00b0 Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina inici\u00f3 con la celebraci\u00f3n de la Misa presidida por Monse\u00f1or Antonio Marino, Obispo em\u00e9rito de la Di\u00f3cesis de Mar del Plata, en acci\u00f3n de gracias por la pr\u00f3xima celebraci\u00f3n de sus 50 a\u00f1os de sacerdocio. 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