{"id":34156,"date":"2021-11-27T21:03:27","date_gmt":"2021-11-28T00:03:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/?p=34156"},"modified":"2021-11-28T17:31:47","modified_gmt":"2021-11-28T20:31:47","slug":"te-doy-gracias-senor-de-todo-corazon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/te-doy-gracias-senor-de-todo-corazon\/","title":{"rendered":"\u201cTe doy gracias, Se\u00f1or, de todo coraz\u00f3n\u201d"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-background has-pale-cyan-blue-background-color\"><strong>El obispo em\u00e9rito de Mar del Plata, Mons. Antonio Marino celebr\u00f3 esta tarde su 50\u00ba aniversario de ordenaci\u00f3n sacerdotal en una Misa en la Catedral de Mar del Plata, acompa\u00f1ado del padre obispo Gabriel Mestre, Mons. Dar\u00edo Rub\u00e9n Quintana, obispo auxiliar; sacerdotes, di\u00e1conos, consagrados, consagradas, feligres\u00eda de esta catedral, amigos de esta di\u00f3cesis y sus familiares.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Homil\u00eda de Mons. Marino<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Recordando el Salmo 138,1, \u201cTe doy\ngracias, Se\u00f1or, de todo coraz\u00f3n\u201d, Mons Marino hizo un repaso de su vida\nsacerdotal en una homil\u00eda muy sentida y profunda.<\/p>\n\n\n\n<ol><li><strong><em>El\nsacerdocio y los advientos del Se\u00f1or<\/em><\/strong><\/li><\/ol>\n\n\n\n<p>El quincuag\u00e9simo aniversario de mi\nordenaci\u00f3n sacerdotal me brinda la oportunidad de estar nuevamente entre\nustedes, celebrando mi jubileo y presidiendo esta Eucarist\u00eda. Agradezco a Mons.\nMestre, mi sucesor en esta sede, y ahora querido hermano en el episcopado, por\nla afectuosa y fraternal iniciativa de su invitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mismo que hace cincuenta a\u00f1os, este\naniversario cae en d\u00eda s\u00e1bado, y en las primeras v\u00edsperas del Adviento. Entre\nel Adviento del Se\u00f1or, precedido por la paciente espera de los siglos, y la\nmisi\u00f3n de toda la Iglesia, existe un v\u00ednculo estrecho, puesto que la Iglesia tiene\ncomo finalidad preparar la venida del Se\u00f1or, mostrando a los hombres la meta\nfinal de la historia y el destino de eternidad que nos aguarda. <\/p>\n\n\n\n<p>La liturgia del Adviento en sus\nprefacios, oraciones y lecturas nos ense\u00f1a a distinguir diversas venidas o\nadvientos de Cristo. O\u00edmos hablar de un <em>adviento\nhist\u00f3rico<\/em>, vaticinado y alentado por los profetas de Israel, y que se\ncumpli\u00f3 cuando el Hijo eterno de Dios vino en la humildad de nuestra carne para\nabrirnos el camino de la salvaci\u00f3n. Y tambi\u00e9n se nos habla de un <em>adviento escatol\u00f3gico<\/em>, o segunda venida\nen gloria y majestad, en la culminaci\u00f3n de la historia; venida que Cristo\nanuncia en el evangelio de hoy, abriendo paso al \u201ccielo nuevo y la tierra nueva\u201d\n(Apoc 21,1). Pero en medio de uno y de otro,\nmencionamos el <em>adviento espiritual<\/em>,\nadviento cotidiano que debemos descubrir con los ojos de la fe, porque Jes\u00fas est\u00e1\nviniendo en los acontecimientos ordinarios y extraordinarios de la historia y\nde nuestra vida personal y familiar, y nos sigue exhortando a la vigilancia, a\nla sobriedad, a la oraci\u00f3n incesante, como tambi\u00e9n o\u00edmos en el evangelio de\nesta Misa.<\/p>\n\n\n\n<p>La misi\u00f3n de la Iglesia es prolongaci\u00f3n\nde la misi\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, quien nos trajo al Salvador del\nmundo. Lo mismo que Ella, la Iglesia, fecundada por la presencia del Esp\u00edritu\nSanto prometido, tiene la misi\u00f3n de ponerse totalmente al servicio de la\nencarnaci\u00f3n redentora, para hacer posible que Jes\u00fas, alegr\u00eda del mundo, siga\nnaciendo en los corazones de los fieles.<\/p>\n\n\n\n<p>Por esto mismo, con honda intuici\u00f3n una\ngran carmelita, Santa Isabel de la Trinidad, dec\u00eda en una carta a un\nseminarista: \u201cme entusiasma este pensamiento:la\nvida del sacerdote (y de la carmelita) es un Adviento que prepara la\nEncarnaci\u00f3n en las almas\u201d (<em>Carta<\/em> 231). <\/p>\n\n\n\n<p>Las palabras prof\u00e9ticas, que emplea el\nSe\u00f1or para hablar de su venida final, est\u00e1n llenas de s\u00edmbolos, tomados de los fen\u00f3menos\nnaturales y de las cat\u00e1strofes que m\u00e1s temor infunden a los hombres (cf. Lc 21,25s). Jes\u00fas\ndistingue entre estos fen\u00f3menos aterradores y su venida en gloria. Los primeros\nson se\u00f1ales de alerta, avisos previos de su parus\u00eda, signos que los hombres no\nsaben interpretar en su sentido profundo. \u00c9l invita a no quedar paralizados por\nel miedo y a \u201cno dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las\npreocupaciones de la vida, para que ese d\u00eda no caiga de improviso sobre nosotros\u201d\n(21,34). Y tambi\u00e9n\ninvita a la alegr\u00eda de la esperanza que supera al miedo: \u201cCuando comience a\nsuceder esto, tengan \u00e1nimo y levanten la cabeza, porque est\u00e1 por llegarles la\nliberaci\u00f3n\u201d (21,28). <\/p>\n\n\n\n<p>Este anhelo de la venida del Se\u00f1or y de su Reino\nera caracter\u00edstico de la Iglesia primitiva y qued\u00f3 incorporado en la\ncelebraci\u00f3n eucar\u00edstica, donde despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n <em>anunciamos la muerte del Se\u00f1or y proclamamos su resurrecci\u00f3n, hasta que\n\u00c9l vuelva<\/em>. Tambi\u00e9n despu\u00e9s del <em>Padrenuestro<\/em>\nrecordamos <em>la gloriosa venida de nuestro\nSalvador Jesucristo<\/em>. <\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>2. Las\nlecciones de camino recorrido<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En esta fecha que trae para m\u00ed tan intensas\nresonancias, y rodeado por la caridad de esta Iglesia de Mar del Plata, que\nsigue estando en mi coraz\u00f3n de obispo em\u00e9rito, deseo compartir con ustedes solo\nalgunas de las lecciones aprendidas a lo largo de estos cincuenta a\u00f1os. Unas\npocas reflexiones que sean de mi parte como desahogo de un coraz\u00f3n lleno de\ngratitud, y para ustedes redunden en provecho espiritual. <\/p>\n\n\n\n<p>Hablar de cincuenta a\u00f1os de vida\nsacerdotal, significa mencionar un n\u00famero muy grande de a\u00f1os, todos ellos\nunificados por un mismo ideal que los llen\u00f3 de sentido. Cuando\nlos esposos celebran cincuenta a\u00f1os\nde vida matrimonial, hablan de bodas de oro. Pero\nla expresi\u00f3n se aplica tambi\u00e9n como\nmet\u00e1fora al\nv\u00ednculo de todo hombre con una actividad determinada, sobre todo si \u00e9sta ha\nimplicado una dedicaci\u00f3n convencida, una entrega animada por el amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Y de esto se trata, por excelencia, en una\nvocaci\u00f3n sacerdotal. A lo largo del\ntiempo en estos cincuenta a\u00f1os, d\u00eda tras d\u00eda, a\u00f1o tras a\u00f1o, como sacerdote\nprimero y como obispo despu\u00e9s, tuve el oficio\nde representar a Cristo <em>cabeza\ny esposo de la Iglesia<\/em>. Y por\ntanto, mi servicio debi\u00f3 ser un <em>oficio de\namor<\/em>. \u00c9ste es el lema con que he procurado servir a la Iglesia y que\n-inspirado en San Agust\u00edn- quise explicitar en mi ordenaci\u00f3n episcopal: <em>Amoris officium, <\/em>\u201cOficio de amor\u201d.Porque un sacerdote debe generar esponsalidad. Trabaja para que\nla comunidad que le confiaron corresponda al inmenso amor de Cristo con el amor\nde una esposa siempre fiel. A semejanza de San Pablo, debe estar en condiciones\nde poder decir lo mismo que \u00e9l escrib\u00eda en la segunda carta a los corintios:\n\u201cYo estoy celoso de ustedes con el celo de Dios, porque los he unido al \u00fanico\nEsposo, Cristo, para presentarlos a \u00e9l como una virgen pura\u201d (2Cor\n11,2).<\/p>\n\n\n\n<p>Todo sacerdote que vive inmerso en la tarea\npastoral, al mismo tiempo que ense\u00f1a a interpretar los signos de Cristo que\nviene sin cesar, tambi\u00e9n <em>aprende<\/em> <em>del contacto con el Pueblo de Dios<\/em>, al\nacercarse a la vida de los hombres con sus &nbsp;luchas y dolores, sus alegr\u00edas y esperanzas. \u00a1Cu\u00e1ntas\nveces en la pastoral ordinaria me encontr\u00e9 con el equivalente existencial de\nlos signos apocal\u00edpticos mencionados por Jes\u00fas! El miedo y la angustia, la\noscuridad y el oleaje de las adversidades personales y sociales, son parte\ninevitable del panorama cotidiano en la vida de un ministro de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde los a\u00f1os en que era un joven seminarista he pedido\nal Se\u00f1or la gracia de saber escuchar y consolar a las personas concretas que Dios\nen su Providencia iba a confiarme. Esta fue una luz recibida del inolvidable\nMons. Pironio, rector del Seminario de Buenos Aires. Cuando todav\u00eda est\u00e1bamos dando\nlos primeros pasos en nuestra vocaci\u00f3n, \u00e9l nos ense\u00f1aba a orar por todos\naquellos que Dios pondr\u00eda en nuestro camino. En este servicio pude ver con\nfrecuencia todo el bien que puede hacerse al escuchar y entender al que se\nsiente como una mecha todav\u00eda humeante o una ca\u00f1a quebrada por la vida (cf. Is 42,3; Mt 12,20).<\/p>\n\n\n\n<p>Es muy claro para m\u00ed que, al verme obligado a\npredicar y consolar a otros, me sent\u00ed tambi\u00e9n yo impulsado a ir siempre m\u00e1s a fondo en la comprensi\u00f3n del\nEvangelio que predicaba. Al cumplir esta misi\u00f3n se reciben luces nuevas porque\nlas situaciones concretas son el campo donde el Esp\u00edritu Santo recuerda\ninteriormente las palabras de Jes\u00fas y actualiza su sentido. No se trata de un\nahondamiento solo intelectual, sino de un saber vinculado con los misterios que\nadministramos. El contacto vital con las fuentes de la gracia y la experiencia\nque se adquiere por el trato con las almas, otorgan una sabidur\u00eda que tambi\u00e9n se\nnutre del libro que es la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Aprend\u00ed que lo mejor que tiene la Iglesia no\nsiempre brilla desde el candelero, sino que arde en forma oculta a nuestros\nojos pero que est\u00e1 patente a los ojos de Dios. Hombres y mujeres de distintas\nedades y de variadas formas de presencia en el tejido social, exhalan el grato\nincienso que agrada a Dios con el discreto testimonio de sus vidas. Son\naquellos que son capaces de perseverar en medio de incre\u00edbles pruebas, cuando\nlas buenas noticias no abundan. Los que creen sin ver (Jn 20,29), los que,\ncomo Abraham, esperan contra toda esperanza (Rom 4,18), y saben amar con un hero\u00edsmo cotidiano (cf. Rom 8,35-39) que solo Dios conoce.<\/p>\n\n\n\n<p>Pude tambi\u00e9n contemplar las maravillas de la gracia\ndivina ante situaciones que exig\u00edan hero\u00edsmo sin rebajar las exigencias del\nEvangelio. Hombres y mujeres capaces de sacrificar gustos y ventajas humanas\ncon tal de no perder la \u201cperla de gran valor\u201d, o el \u201ctesoro escondido en un\ncampo\u201d (cf. Mt 13,44ss).<\/p>\n\n\n\n<ul><li><strong><em>&nbsp;\u201cTe doy gracias, Se\u00f1or, de todo coraz\u00f3n\u201d<\/em><\/strong><\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda seguir largamente, pero ya es momento de dar\ngracias a Dios por la vida que me hizo vivir, y por los caminos por donde me\nhizo transitar. Algunas veces caminos de v\u00e9rtigo, como quien se encuentra en\nuna cornisa, al filo del abismo. Otras veces, en un t\u00fanel oscuro, con apenas la\nluz suficiente para el siguiente paso. Pero tambi\u00e9n por senderos de mucha paz y\nalegr\u00eda interior, sintiendo que nada me faltaba, guiado por el Buen Pastor\nhacia el descanso de verdes praderas y aguas tranquilas (cf. Sal 22,1s). <\/p>\n\n\n\n<p>Para un\nsacerdote la celebraci\u00f3n de este aniversario tan significativo, no puede ser\notra cosa que pura alabanza de Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote. Hago m\u00edas\nlas palabras de San Pablo: \u201cPorque no nos predicamos a nosotros mismos, sino\na Cristo Jes\u00fas, el Se\u00f1or, y nosotros no somos m\u00e1s que servidores de ustedes por\namor de Jes\u00fas\u201d (2Cor 4,5). Est\u00e1 en juego la gloria del Se\u00f1or\nantes que la del siervo. Se festeja al gran Rey antes que al borrico con el\ncual entr\u00f3 en Jerusal\u00e9n. Es fiesta de aquel sin el cual nada podemos hacer (Jn 15,5), y no\nalabanza del pobre instrumento humano. Celebramos al tesoro inapreciable que\nquiso derramarse en una fr\u00e1gil vasija de barro, como dec\u00eda el Ap\u00f3stol, \u201cpara que\nse vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios\u201d (2 Cor 4,7).<\/p>\n\n\n\n<p>El amor a la\nVirgen Mar\u00eda me acompa\u00f1a desde siempre. Lo aprend\u00ed primero en mi casa y luego\nse ahond\u00f3 en la parroquia de Ntra. Sra. de Balvanera donde me form\u00e9, gracias a\nMons. Carreras, ap\u00f3stol entusiasta, verdadero modelo de pastores y gu\u00eda de mi\nvocaci\u00f3n. La Virgen Mar\u00eda ha sido el regazo materno donde se refugi\u00f3 mi vida en\nmi largo itinerario hacia Cristo. Ella es tambi\u00e9n el espejo donde toda la\nIglesia se mira para descubrir su verdadera identidad y el rostro de la belleza\ninmaculada con que Dios quiso dotarla.<\/p>\n\n\n\n<p>De Mar\u00eda y de\nla Iglesia quiero decir las palabras que el Salmo\n136 aplica a la ciudad santa de Jerusal\u00e9n: \u201cque se me pegue la lengua al\npaladar si no me acuerdo de ti, si no te pongo en la cumbre de mis alegr\u00edas\u201d (5).\nLa Iglesia ha sido mi casa y mi familia, mi madre y mi maestra. A ella le debo\ntodo bien. Por la gracia del sacerdocio y del episcopado, tambi\u00e9n la amo con el\namor esponsal del mismo Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta di\u00f3cesis marplatense, con sus\nrostros e instituciones, ha quedado para siempre en mi coraz\u00f3n, en mi recuerdo\ny oraci\u00f3n cotidiana. No puedo extenderme como quisiera para expresar gratitud a\ncuantos fueron mi familia pastoral y espiritual, mis queridos colaboradores.<\/p>\n\n\n\n<p>Debo concluir, y lo hago leyendo estas\npalabras escritas por m\u00ed hace cincuenta a\u00f1os, durante el retiro espiritual\nprevio a mi ordenaci\u00f3n sacerdotal: \u201cT\u00fa conoces mi debilidad, yo conozco tu\nmisericordia. Que la hora de mi muerte sea la plenitud y consumaci\u00f3n de mi\nsacerdocio, al participar de la tuya, la Hora sacerdotal por excelencia\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Mons. Antonio Marino<br><em>Obispo em\u00e9rito de Mar del Plata<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-container-2 wp-block-gallery-1 wp-block-gallery columns-3 is-cropped\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"943\" src=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/26fcb058-7d69-4e4b-8800-ce99d929d6d9-1024x943.jpg\" alt=\"\" data-id=\"34158\" data-full-url=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/26fcb058-7d69-4e4b-8800-ce99d929d6d9.jpg\" data-link=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/?attachment_id=34158\" class=\"wp-image-34158\"\/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" width=\"767\" height=\"493\" src=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/880963cb-4679-41ab-b8f8-0d60bb27fb22.jpg\" alt=\"\" data-id=\"34159\" data-full-url=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/880963cb-4679-41ab-b8f8-0d60bb27fb22.jpg\" data-link=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/?attachment_id=34159\" class=\"wp-image-34159\"\/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"694\" src=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/fe9d543e-abae-4743-a78a-85124a350d7f-1024x694.jpg\" alt=\"\" data-id=\"34160\" data-full-url=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/fe9d543e-abae-4743-a78a-85124a350d7f.jpg\" data-link=\"https:\/\/www.obispado-mdp.org.ar\/a\/?attachment_id=34160\" class=\"wp-image-34160\"\/><\/figure><\/li><\/ul><figcaption class=\"blocks-gallery-caption\">Fotograf\u00edas: Estela Luj\u00e1n<\/figcaption><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El obispo em\u00e9rito de Mar del Plata, Mons. 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