Respetando todos los protocolos y sin presencia de fieles se celebró en la Catedral la Santa Misa por el 25 de Mayo.

Monseñor Gabriel Mestre deseo un feliz día de la Patria y pidió orar para celebrar el don de la Patria y poder mirarla para nosotros desde nuestra perspectiva, creyentes desde nuestra perspectiva espiritual, con una profunda dosis de esperanza, aun en el realismo, y tomando contacto con el realismo de las situaciones complejas que tenemos que llevar adelante.

A la luz de los textos compartidos reflexionó sobre tres puntos sintetizados en tres palabras:

Sufrientes: Me gusta mucho una expresión que tenía uno de los documentos que marco la planificación pastoral de la Iglesia Argentina en la década del ’90, hablaba de pobres, débiles, enfermos y sufrientes. En estas 4 categorías, buscaba describir estos espacios de dolor que reclaman claramente un cuidado particular por los discípulos de Jesús. Bajo el título de sufrientes, hoy contemplar ante la realidad de nuestra Patria dos categorías fuertes: los enfermos y los más pobres.

Todos nosotros los que estamos compartiendo esta Eucaristía, de una u otra manera hemos sido traspasados por la realidad de la enfermedad, del CoVid, vivida en carne propia o en personas que queremos. Mirar desde la fe la realidad de la enfermedad. La pobreza, esta situación, este manejo a veces un poco desprolijo de los aislamientos desde hace más de un año, ha aumentado lo que ya era endémico en la realidad de nuestra Patria, que es el tema de la pobreza, con la situación de exclusión y marginación de tantas hermanas y hermanos que no solo es material, alimentaria, sanitaria, sino también es educativa, cultural instructiva y esto también hay que visualizarlo. Por eso desde la fe, en primer lugar, oramos y abrazamos la realidad de los sufrientes de hoy de nuestra Patria, particularmente de los enfermos, particularmente de los pobres.

Que tengamos un corazón generoso, y que el Señor siga fortaleciendo el corazón generoso de los que están en la primera línea en el tema de la enfermedad y la pobreza, en este momento en cada rincón de nuestra Patria.

Ciudadanos: Me viene a la memoria aquella charla que dio en aquel entonces el Cardenal Bergoglio, en una semana de Pastoral Social, donde nos invitó a pasar de ser habitantes, a ser ciudadanos. Marcando con estas 2 palabras como el habitante es alguien más pasivo, alguien que habita el lugar y marcando la dinámica del ciudadano, aquel que trabaja por la ciudad, por la sociedad civil y se compromete en serio en lo que tiene que comprometerse. Pasar de ser habitantes, a ser verdaderos ciudadanos, y en este sentido la primera lectura, el relato del Libro de los Reyes, en esto que pide Salomón y Dios le concede se encuentran elementos interesantes para que nosotros podamos pasar constantemente ante las circunstancias concretas de la vida de ser habitantes a ser ciudadanos.

Pide y se le concede, el don del discernimiento, la sabiduría y la prudencia. El primero de ellos como capacidad de no aplicar las normas de manera dura, sino tener la flexibilidad necesaria para responder a la realidad. El segundo don, la sabiduría, hace referencia a no quedarse con la cascara de las cosas, sino ir al centro, a lo esencial. Finalmente, prudencia, no entendiéndola como inactividad, sino que es buscar los mejores medios para conseguir el fin, a veces lamentablemente, entendemos la palabra prudente en un sentido peyorativo, es prudente el que no abre la boca, el que no se mete, el que no se involucra, y eso no es prudencia. La prudencia es profundamente activa e implica poner en movimiento los mecanismos necesarios para conseguir los mejores medios para llegar a los verdaderos fines.

Pasar de ser habitantes a ser ciudadanos, reclama de nosotros, sobre todo los que somos discípulos del Señor pedir y disponer nuestro corazón para recibir el don del discernimiento, la sabiduría y la prudencia.

Gobernantes: Si todos los ciudadanos tenemos que practicar, la dinámica del discernimiento, sabiduría y prudencia, cuanto más nuestros gobernantes. Pedimos a Dios que se los conceda y pedimos a ellos, de todos los partidos y espacios políticos, a nivel municipal, provincial y nacional pasando por todos los organismos propios, del camino democrático de la Nación que puedan disponer sus corazones para que realmente sean, con una dinámica de verdadero discernimiento sean corazones sabios y prudentes para gobernarnos siempre y particularmente en este tiempo de crisis y dificultad. Que pongan los valores esenciales que dieron identidad a nuestra Patria, que pongan en primer lugar el cuidado los pobres y de los enfermos, que sean sabios en este sentido de no estar concentrados en cuestiones menores, de chiquitaje, que nada tiene que ver con lo esencial para la grandeza y crecimiento del cuidado de los más sufrientes de nuestra Patria. Se lo pedimos a Dios y se lo pedimos también a ellos, que dispongan su corazón para esta tarea, es lo propio de la dinámica democrática y como ciudadanos tenemos el derecho a pedirlo, porque ejercitamos de manera soberana nuestro voto y más allá, insisto, de la cuestión política-partidaria, este es un tema que cada gobernante de manera particular tiene que llevar adelante. Lo pedimos a Dios con humildad, lo pedimos a Dios por intercesión de la Virgencita de Lujan, Patrona de nuestra Patria, para que realmente con un horizonte de esperanza, podamos cada uno desde nuestro lugar poder construir la Patria. Un corazón que mire a los sufrientes, un corazón que quiere pasar de ser habitante a ciudadano, un corazón que pide a Dios y pide a los gobernantes, que practiquen en serio el discernimiento y que sean sabios y prudentes para gobernarnos en este tiempo de crisis

CRONISTA; Federico Desteffaniz @f.desteffaniz www.instagram.com/f.desteffaniz

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