COMUNICADO DEL OBISPADO DE MAR DEL PLATA

Queridos hermanos: Mons. Gabriel Mestre junto al Obispo Auxiliar y el Colegio de consultores hemos preparado estas pautas para vivir profundamente esta Semana Santa tan especial. Las normas establecidas para esta emergencia sanitaria imponen la necesidad de permanecer en casa, evitando todo tipo de reuniones. Esto hará que las celebraciones más importantes del año litúrgico se desarrollen en un marco totalmente excepcional, sin precedentes para todos nosotros.

La conmemoración del Misterio del Amor de Dios que se expresa, elocuentemente, en la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo trasciende las limitaciones del espacio y TODOS PODEMOS Y ESTAMOS LLAMADOS A PARTICIPAR VIVAMENTE como una única familia.

1. ¿Cómo participaremos de las celebraciones de Semana Santa?

Las celebraciones mayores de la Semana Santa: el Domingo de Ramos (5 de abril), el Jueves Santo (9 de abril), el Viernes Santo (10 de abril) y el Domingo de Pascua (12 de abril) podrán ser seguidas por las redes sociales de cada parroquia, del Obispado y de la Santa Sede; también por la televisión y la radio.

Como lo hemos experimentado en estos días, estos Medios de Comunicación, nos permiten PARTICIPAR VERDADERAMENTE Y FRUCTUOSAMENTE DE LA SANTA MISA. La comunión que realizamos por esos medios, en estas graves circunstancias que interpelan nuestra responsabilidad, es real y verdadera comunión con el Señor.

Es verdad que no podremos tener los tradicionales ramos, ni dirigirnos a nuestros templos, ni recibir al Señor en la Hostia Consagrada. Este tiempo nos brinda la oportunidad de valorar los signos litúrgicos y sacramentales. No permitamos que esto sea motivo de desánimo, sino la oportunidad de encender en nosotros, con más fuerza, el deseo de Dios, de su amor misericordioso y la certeza de que Él llega a nosotros verdaderamente. 

2. ¿Cómo viviremos el precepto de la comunión?

El Catecismo de la Iglesia nos enseña que es obligación de los fieles: participar los domingos y días de fiesta en la divina liturgia y recibir al menos una vez al año la Eucaristía, si es posible en tiempo pascual (cf. Código de Derecho Canónico, canon 920), preparados por el sacramento de la Reconciliación (Catecismo, n. 1389).

Los Medios de Comunicación antes mencionados nos permitirán recibir al Señor en la Santa Misa durante la Semana Santa. Además, nuestra oración se eleva a Dios para que podamos volver a celebrar todos juntos en nuestros templos antes de que finalice el tiempo pascual, en la Solemnidad del Pentecostés el Domingo 31 de mayo.

Incluso si eso no pudiera darse, porque la cuarentena se prolongara aún más, el Código de Derecho Canónico antes citado dice en el canon 920 que el precepto de comulgar al menos una vez al año debe cumplirse durante el tiempo pascual, a no ser que por causa justa se cumpla en otro tiempo del año.

La situación que vivimos justifica claramente que nos quedemos en casa y participemos vivamente, con el alma y el corazón en el Misterio Pascual.  

3. ¿Cómo celebraremos la reconciliación?

Tampoco podremos ir a confesarnos con nuestros presbíteros en los templos. ¿Impedirá esto acaso que nuestro corazón reciba el abrazo misericordioso de Dios? Para Dios no hay obstáculos que puedan limitar la fuerza de su perdón, si verdaderamente arrepentidos, nos abrimos a Él. Como ha dicho el Papa Francisco, Dios no se cansa de perdonar, somos más bien nosotros los que debemos redescubrir la necesidad de su perdón y acercarnos a Él.

Un reciente decreto de la Santa Sede nos recuerda: Cuando el fiel se encuentre en la dolorosa imposibilidad de recibir la absolución sacramental, debe recordarse que la contrición perfecta, procedente del amor del Dios amado sobre todas las cosas, expresada por una sincera petición de perdón (la que el penitente pueda expresar en ese momento) y acompañada del firme propósito de recurrir cuanto antes a la confesión sacramental, obtiene el perdón de los pecados, incluso mortales (cf. Catecismo, n. 1452). Cuanto antes en esta circunstancia de emergencia sanitaria significa: cuando estén dadas las circunstancias de seguridad para la salud, evitando cualquier riesgo de contagio para nosotros y para los demás.

Pedimos al Señor que pronto podamos volver a encontrarnos en nuestros templos y capillas para cumplir con este compromiso de confesar nuestras faltas y experimentar las palabras de la absolución que confirmarán el perdón de Dios que ya ha acariciado nuestro corazón en la contrición.

4. Una Semana Santa en Comunión con Dios y los hermanos.

Quizá como nunca antes la humanidad tiene la posibilidad de palpar como estamos interconectados y relacionados. Hemos visto como el virus se ha extendido rápidamente por el mundo. En esta Semana Santa, tenemos que unirnos en la oración, en la corresponsabilidad y en el compromiso de caridad con los hermanos más pobres y necesitados, para que se extienda con la misma rapidez la conciencia del Amor, generador de verdadera comunión, que Jesucristo Glorioso sigue difundiendo desde la cruz a todas las personas.

Los invitamos a ambientar nuestras casas, así como adornamos para Navidad, ahora podemos armar un altar familiar, con la Palabra, una vela, una cruz, la imagen de la Virgen María que nos acompaña con amor maternal.

Te sugerimos que prepares para cada celebración estos elementos que serán bendecidos por Mons. Gabriel y los sacerdotes que presidan cada celebración virtual:

  • Domingo de Ramos: si es posible prepara un ramo vegetal (no es necesario que sea olivo). También podés usar el del año pasado. También podemos adornar la puerta o ventanas de nuestras casas.
  • Jueves Santo: un pan, que luego podrán compartir en familia (no es necesario que tenga una característica especial).
  • Viernes Santo: la cruz, para venerar durante la celebración de la Pasión o en la oración hecha solos o en familia.
  • Sábado Santo: un recipiente con agua, que luego de bendecida, podrás usar para bendecir a los miembros de la familia y para hacer la aspersión del hogar.

De este modo celebraremos todos unidos, con un solo corazón y haremos que toda la Diócesis se convierta en un gran templo.

La oración, la caridad y el compromiso de conversión han de ser la atmósfera de esta Semana Santa que viviremos todos en comunión plena.

“¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?

¡No está aquí, ha resucitado!”

(Lc 24,5-6a)

P. Luis Albóniga
Vicario General
Diócesis de Mar del Plata