Dijo Mons. Mestre en la homilía de la Misa que presidió en la Fiesta Patronal de la Capilla Nuestra Señora de Lourdes.
Este sábado la Capilla ubicada en 11 de Septiembre y Marconi, puesta bajo la advocación de Nuestra Señora de Lourdes, celebró su fiesta patronal. Si bien estaba previsto realizar la Misa al aire libre en el terreno contiguo, las inclemencias climáticas previstas hicieron que la misma se desarrollara en el templo, con aforo limitado, a la vez que también se dispusieron sillas en la vereda, bajo un gazebo, y se transmitía en vivo en el salón de la capilla, donde se ubicaron los fieles restantes, conformando todos la particular asamblea en tiempo de pandemia.
Antes de la celebración eucarística, tuvo lugar una breve procesión por las calles del barrio con la imagen de la Virgen de Lourdes, en la que el Obispo junto con el párroco, Juan Cruz Mennilli y el P. Francisco Lazaro, de Fasta, fueron bendiciendo a las familias que esperaban el paso de la Virgen con sus altares preparados en la vereda de sus hogares, que fueron misionados previamente por miembros de la comunidad.
En su homilía, Mons. Mestre destacó tres palabras: “diagnosticar”, “suplicar” y “proclamar”. Invitó a “diagnosticar y captar cuáles son hoy las impurezas humanas, sociales y espirituales que tocan nuestra vida. Ver qué es lo que está dañando, mutilando, enfermando, pudriendo, invadiendo de forma negativa nuestro corazón, nuestras familias y comunidades. Pensar en la lepra de la discriminación injusta, de la falta de perdón, del bloqueo del diálogo, de la falta de respeto, de las murmuraciones; la lepra del miedo que paraliza, del egoísmo, de la envidia, de los celos destructivos.” Destacó que nuestra vida participa de una u otra forma de la impureza de la humanidad y tenemos que diagnosticar, descubrir y visualizar en qué medida y de qué forma esto toca nuestro corazón.
En torno al verbo suplicar, el Obispo destacó “¡Qué hermosa la actitud del leproso del Evangelio de hoy! ¡Qué humildad y qué libertad que refleja en sus palabras suplicantes!” Y agregó que “somos invitados todos y cada uno a “caer de rodillas” ante el Señor en el Sacramento de la Reconciliación, en la Misa, en el Sagrario, en oración con su Palabra y decirle con humildad: “Si quieres puedes purificarme”. Y presentar al Señor todas y cada una de nuestras impurezas, enfermedades y situaciones de lepra espiritual y social. Que podamos desarrollar más que nunca una verdadera oración de SÚPLICA sin querer manipular al mismo Dios, una oración suplicante que siempre respeta la santa voluntad de Dios.
Finalmente afirmó que “Jesús pide al leproso curado que no diga nada para que la multitud no confunda su mesianismo, pensando que es solo un liberador político y social y, además, para que no se genere una búsqueda febril para arrancarle milagros. Sin embargo, el que fue purificado lo proclamó a todos: esa es la auténtica experiencia del que ha sido sanado por el Señor, por eso no puede callar lo que ha visto y oído, lo que el Señor ha hecho en su vida. Así debemos actuar los que hemos sido purificados por el Señor. Al ser constantemente sanados por su gracia, también constantemente somos invitados a dar testimonio de esta realidad a todos, a proclamar las maravillas que Él hace en nuestra vida. Esa es la verdadera tarea misionera y evangelizadora de la Iglesia en cada bautizado. Que comprendamos que tenemos que “contar” todo lo bueno que el Señor hace en nuestra vida para contagiar así la alegría de su seguimiento.”
SEMANA VOCACIONAL
En torno a la semana vocacional se rezó por todas las vocaciones, pidiendo especialmente por los seminaristas, que estos días ingresan al Seminario, destacando que en estos días un joven de la capilla, Tomás Isla, quien participa del Ruca del Movimiento Fasta en esa comunidad, ingresará al seminario donde se forman los seminaristas de nuestra Diócesis de Mar del Plata.












