Ungidos por Dios para sanar nuestro Pueblo”Martes 12 de abril de 2022Queridas hermanas y queridos hermanos; especialmente queridos presbíteros:Con alegría nuevamente estamos celebrando la Misa Crismal. En la audacia del Espíritu transitamos con mucha fecundidad y gozo la primera sesión sinodal el pasado jueves 24 de marzo: ¡Gracias Señor por nuestro Primer Sínodo Diocesano!¡Gracias por la experiencia ungida de la primera sesión! ¡Gracias por tu amor que nos hace ser Iglesia que camina unida en tu Santo Nombre! La alegría del inicio de las sesiones sinodales se vio precedida por otro momento de gozo en nuestra Iglesia particular. El viernes 18 de febrero, el querido Papa Francisco, declaró Venerable al Cardenal Eduardo Francisco Pironio, nuestro segundo obispo. Esto pone a nuestra Diócesis en el saludable desafío de profundizar más que nunca su vida y su mensaje, para dejarnos interpelar hoy, en un contexto muy distinto, con los valorespermanentes que Pironio nos dejó como verdadero siervo e instrumento del Evangelio en tiempos difíciles.De la Lectio Divina que hice algunos días atrás con los textos bíblicos y litúrgicos de esta Misa, surgen estas ideas que comparto con todos, pero de manera particular con los queridos presbíteros religiosos y seculares de nuestra Diócesis. La lectura orante me fue llevando a la unción del Señor en la primera lectura (cf. Is 61,1)y la unción del Espíritu en el Evangelio (cf. Lc 4,18). Me fui concentrando en el tema de la unción: mirar juntos a Jesucristo, el Ungido de Dios y redescubrirnos nosotros también ungidos del Señor para sanar nuestro Pueblo. Por otra parte, en esta Misabendeciré el Óleo de los enfermos y el Óleo de los catecúmenos; y consagraré el Santo Crisma. Lo que he podido rumiar a la luz del Espíritu se los comparto ahora en tres breves puntos sintetizados en tres palabras: MEMORIA, SUAVIDAD, SANAR.1- MEMORIA de las tres unciones crismales2- La SUAVIDAD de la unción3- Ungidos para SANAR1- MEMORIA de las tres unciones crismalesQue este primer punto sea un momento de MEMORIA agradecida porque somos los servidores de las tres unciones con el Santo Crisma. Poder recordar, trayendo al presente la gracia y la alegría de estas tres unciones crismales que han marcado nuestras vidas. El Catecismo de la Iglesia nos recuerda que los tres sacramentos que imprimen carácter –Bautismo, Confirmación y Orden Sagrado– danidentidad y consagran de forma definitiva y estable al que los recibe (cf. CEC 1294).Hagamos MEMORIA, cerremos nuestros ojos y vayamos espiritualmente con nuestra mente y nuestro corazón a estos tres hitos fundacionales de nuestra vocación de crismados. Primero el Bautismo, rememorar las palabras del ministro Dios todopoderoso te unge ahora con el crisma de la salvación… Tener MEMORIA deesa gracia y los instrumentos de esa gracia… recordar de manera agradecida a papá y mamá, padrinos, abuelos y tíos… Llevar nuestra mente a la pila bautismal y la comunidad donde fuimos regenerados para la vida en Dios. En segundo lugar la Confirmación: hacer MEMORIA del momento sagrado donde el ministro nos ungió y nos dijo Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo. ¡Cuánta gracia derramada allí para la fortaleza y la perseverancia en nuestro camino de fe! La alegría de lainserción adulta en el servicio de la vida de la Iglesia como testigos y evangelizadores con Espíritu. Por último, la tercera unción queridos presbíteros: la unción del Orden Sagrado. Llevemos aquí y ahora nuestro corazón al día que fuimos consagrados comoministros de Dios. Recordar el día mismo, el retiro previo, los preparativos, el lema que elegimos, el entusiasmo sacerdotal, la inserción al Presbiterio, la fiesta diocesana que significó y significa hoy que seamos pastores de su Pueblo por elección de Dios.Traigamos a la MEMORIA cuando el obispo nos ungió las manos sacerdotales y nos dijo: Jesucristo, el Señor, a quien el Padre ungió con la fuerza del Espíritu Santo, te auxilie para santificar al Pueblo cristiano y para ofrecer a Dios el sacrificio.¡Gracias Señor por ungirnos con estos tres sacramentos! ¡Gracias por la gracia derramada en nuestra frágil condición humana! ¡Que la MEMORIA agradecida de estas tres unciones que nos crismaron, siempre definan nuestra vida y nuestro ministerio! ¡Que nada ni nadie se interponga en la elección y la consagración que hemos recibido a través del Santo Crisma y nos hace pertenecer totalmente a Dios y solo a Dios! ¡Que podamos disfrutar del gran don de ser los ministros de las tres unciones crismales que sellan nuestra identidad de consagrados del Señor!2- La SUAVIDAD de la unciónEl simbolismo de la unción es riquísimo. La abundante y polifacética base bíblica se ve enriquecida por la Tradición viva de la Iglesia, particularmente en los gestos litúrgicos que se han sucedido y multiplicado en el tiempo. Dentro de estos muchos aspectos de polisemia significante, los invito a detenernos en uno: la SUAVIDAD de la unción. En la antigüedad del Mediano y Cercano Oriente la uncióncon aceite se usaba para SUAVIZAR las contusiones y heridas; también para SUAVIZAR la piel de los atletas. Esta simbología hunde sus raíces en la untuosidad que el aceite genera y también en las propiedades medicinales y purificadoras que posee. El salmista nos habla de la SUAVIDAD del aceite (cf. Sal 55,22). El buensamaritano de la parábola lucana no vacila ni un instante a la hora SUAVIZAR con aceite la herida del hombre medio muerto tirado al costado del camino (cf. Lc 10,34).La unción SUAVIZA el alma, SUAVIZA el corazón. En la Secuencia de Pentecostés, este bello himno litúrgico que cantaremos Dios mediante este año el Domingo 5 de junio, dos veces utilizamos la raíz SUAVIZAR en nuestra súplica al Espíritu Santo.Le decimos Dulce huésped del alma, SUAVE alivio de los hombres (tercera estrofa); y le pedimos SUAVIZA nuestra dureza, elimina con tu calor nuestra frialdad (octava estrofa). En la oración después de la comunión de la Misa votiva del Espíritu Santo B oramos diciendo: Derrama en lo más íntimo de nuestro corazón la SUAVIDAD de tuEspíritu. El yugo de Jesús, que es justamente la Ley del Espíritu, es SUAVE: “Vengan a mí… Porque mi yugo es SUAVE y mi carga liviana” (Mt 11,28a.30).¡Que como ungidos del Señor tengamos siempre la SUAVIDAD del Espíritu para nuestro pastoreo cotidiano! Que al hacer memoria de nuestras tres unciones crismales podamos ejecutar existencialmente la SUAVIDAD del óleo que nos ha consagrado. La realidad de la vida y nuestras historias concretas nos pueden hacercaer en la tentación de la dureza, la rigidez y la severidad en nuestros pensamientos, palabras y gestos. Necesitamos recuperar siempre la SUAVIDAD del Espíritu, la SUAVIDAD de las unciones sacramentales que hemos recibido. La SUAVIDAD no es signo de debilidad ni de falta de conducción. La SUAVIDAD es fruto de unaidentidad clara, de tener la seguridad en Dios y su unción que nos ha elegido. No tengamos miedo de ser SUAVES y delicados en nuestro munus regendi, en clave de revolución de la ternura y la misericordia. La SUAVIDAD no nos quita ni virilidad ni fortaleza, al contrario, nos capacita para pastorear en clave materna y paterna las comunidades y espacios eclesiales que se nos han confiado.¡Te pedimos Señor que la SUAVIDAD de tu Espíritu, que hemos recibido por la triple unción crismal, nos libre de toda aspereza, sequedad y terquedad en nuestros vínculos fraternos y en el servicio como padres de nuestro Pueblo! Qué el MaestroInterior nos ayude a ser instrumentos para el SUAVE alivio de la humanidad, renovando hoy místicamente la unción sacramental que nos hace ser hombres de Dios y solo de Dios.3- Ungidos para SANARLa unción que nos ha consagrado, la elección divina como ministros ordenados no es un privilegio particular para nosotros, para autocomplacernos. La unción que hemos recibido es para SANAR y para ungir a nuestro Pueblo. Como consagrados somos asociados a la misión del Ungido y, por eso, participamos de la unciónSANANTE que nos hace “llevar la Buena Noticia los pobres, anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4,18-19; cf. Is 61,1-2).La metáfora de la Iglesia hospital de campaña que SANA, que incesantemente utiliza el Papa Francisco, es profundamente tradicional, dado que hunde sus raíces en munus sanctificandi. La Iglesia santifica SANANDO las fragilidades humanas conlos siete sacramentos y con la multiplicidad de sacramentales que nuestro Pueblo sencillo necesita, valora y busca con mayor o menor claridad. Nosotros, como padres y pastores, somos a imagen de Cristo Cabeza, instrumentos privilegiados del oficio de SANAR a nuestro Pueblo. ¡Qué bello es lograr superar una mirada fría y mecánica del ex oper operato en la función de SANAR y descubrir la riqueza del servicio SANANTE también en el ex oper operanti! Es decir, vivenciar que cada gesto de nuestra vida toda y no solo el momento litúrgico-cultual, está marcado por ser otros cristos para SANAR a nuestro Pueblo. Que siempre santifiquemos SANANDO con los sacramentos y con cada actitud paterna y afectiva ante la herida de nuestra gente.También SANAMOS en nombre de Cristo con cada actitud de ternura, misericordia y respeto que ofrecemos a cada persona que entra en contacto con nosotros.¡Somos ungidos por Dios para SANAR nuestro Pueblo! Cuánto me edifica ver a muchos de ustedes, queridos presbíteros, que no escatiman ni tiempo, ni energía para estar al servicio de la SANACIÓN integral de las personas. Me edifica y meenorgullece como padre de toda la Diócesis, percibir que se la juegan, que ponen el cuerpo, que corren de un lugar a otro para que el poder SANANTE de Dios llegue a cada familia y grupo sin demora. Me preocupa que algunos de ustedes no cuiden susalud, ni respeten el tiempo necesario para el descanso por estar siempre cerca de nuestro Pueblo para SANARLO en nombre de Dios… Realmente me preocupa, pero también me admira su enorme generosidad y gratuidad a la hora de dar la vida porsus comunidades y espacios pastorales a imagen de Cristo, el Ungido, el que no vino a ser servido sino a servir. ¡Gracias, muchas gracias de corazón! Qué el Señor recompense con creces lo que se percibe en esta entrega cotidiana, y también lo mucho que no se ve y queda en el corazón de Dios, en la memoria de nuestra gente yen la interioridad de cada uno de ustedes.Para concluirA nuestra Madrecita del Cielo, Nuestra Señora de la Pascua, Señora de la Cruz y la Esperanza, Señora del Viernes y del Domingo, Señora de la noche y la mañana, a ella le pedimos que interceda por todos los pastores de nuestra Diócesis.Que su protección nos permita renovar hoy las tres unciones crismales para sanar siempre con ternura y suavidad a nuestro Pueblo.Termino con unas palabras del Venerable Eduardo Pironio que nos invita a revitalizar siempre la unción del Espíritu que hemos recibido: El sacerdote está ubicado en el mundo. Lo ama y lo padece. Lo entiende, lo asume y lo redime. Pero su corazón está segregado y consagrado totalmente a Dios por el Espíritu. Su misión está dentro de los hombres y no fuera… Pero sólo será auténtico testigo de la Pascua si es ungido por “la fuerza del Espíritu Santo” (Hch 1,8). Ni la palabra del sacerdote será fuego, ni su presencia claridad de Dios, ni sus gestos comunicadores deesperanza, si el Espíritu no lo cambia interiormente en Jesucristo (Eduardo Pironio, “Espiritualidad sacerdotal 9” en Escritos Pastorales, BAC, Madrid 1975, pág. 148).+Mons. Gabriel MestreObispo de Mar del Plata