Este martes 1º de noviembre la Iglesia católica celebra la fiesta de Todos los Santos, y al día siguiente, miércoles 2, reza por los fieles difuntos, son dos celebraciones muy populares y muy sentidas por el pueblo fiel, cuya tradición se remonta a los primeros tiempos del cristianismo, cuando se honraba el recuerdo y se ofrecían oraciones y sacrificios por las almas que partieron de este mundo.
Estas dos fiestas expresan contenidos esenciales de la profesión de fe cristiana y católica: «Creemos en la comunión de los santos» y «Creemos en la resurrección de la carne y en la vida eterna».
En el día de Todos los Santos se celebra a todos los cristianos que ya gozan de la visión de Dios, que ya están en el cielo, hayan sido o no declarados santos o beatos por la Iglesia. De ahí, su nombre: el día de Todos los Santos.
El día de Todos los Santos habla de que la vida humana no termina con la muerte sino que abre a la vida de eternidad con Dios. Por ello, al día siguiente a la fiesta de Todos los Santos, el 2 de noviembre, se conmemora a los difuntos. Es el día en el que la piedad del pueblo fiel visita los cementerios y recuerda y reza por los familiares y amigos difuntos.
La muerte es, sin duda alguna, la realidad más dolorosa, más misteriosa y, a la vez, más insoslayable de la condición humana. Sin embargo, desde la fe cristiana, esta realidad se ilumina y se llena de sentido. Dios, al encarnarse en Jesucristo, no sólo asumió la muerte como etapa necesaria de la existencia humana, sino que la transcendió, la venció.
Pbro Ezequiel Kseim






