El obispo será maestro y testigo auténtico de la fe (LG 25), administrador de la gracia divina (LG 26), prudente y sabio conductor del Pueblo de Dios en nombre de Cristo (LG 27). La infalible seguridad de una particular efusión del Espíritu Santo hace del Obispo un hombre profundo, sereno, esperanzado. Verdadero sabio y maestro de santidad. Cf. Lumen Gentium (LG), citas en «Exhortación Pastoral sobre el obispo auxiliar» del Venerable Cardenal Eduardo Francisco Pironio.







