La comunidad de la parroquia San Pío de Pietrelcina celebró el martes 23 sus fiestas patronales con gran concurrencia de fieles y devotos. La Eucaristía central fue presidida por el obispo diocesano de Mar del Plata, monseñor Ernesto Giobando sj, y concelebrada por el cura párroco, presbítero Juan Pablo Arrachea, junto a otros sacerdotes de la diócesis.
Durante la homilía, monseñor Giobando destacó la cercanía del santo con los fieles y recordó que “el Padre Pio no tuvo grandes títulos ni recorrió el mundo llevando la buena noticia, sino que toda su vida la pasó en el mismo lugar”. Subrayó que “millones, millones sabían dónde estaba y esto para mí es clave en el cuidado pastoral de la Iglesia, porque la gente necesita encontrar a su sacerdote y sentirse acompañada”.
El obispo reflexionó sobre la santidad y puntualizó que “no es algo para sí mismo ni se puede medir; es un don para los demás. No solo los santos extraordinarios como el Padre Pío, sino también la santidad común, la santidad de la clase media, nos invita a vivir nuestra fe con cercanía, compromiso y oración por los demás”.
Hablando del sufrimiento y la cruz, remarcó que “si te tocan tiempos difíciles, trata de poner lo mejor de vos, no desanimarte, abrazar tu cruz y seguir adelante. La única manera de ayudar a alguien que sufre no es con recetas, sino con cercanía, escucha y un abrazo. Así lo vivió el Padre Pío con miles de fieles que acudían a él buscando consuelo”.
Finalmente, monseñor Giobando invitó a los fieles a inspirarse en el ejemplo del santo, señalando que “la santidad se vive en la cercanía, en la presencia, en la intercesión por los demás. No es algo distante ni extraordinario, sino cotidiano y accesible a todos los que buscan servir y consolar a los demás”.





















