«Dios con nosotros».
Estamos a un paso de vivir la Navidad, el tiempo de Adviento nos ha ido preparando para festejar el nacimiento de nuestro Salvador, Navidad es precisamente: “Dios con nosotros”, ya anunciado por Isaías y confirmado por el Ángel en el anuncio
que le hace a San José. Un Dios que no duda en acercarse a nuestra realidad humana, asumiéndola plenamente, el misterio de la Encarnación es precisamente esto: la cercanía de Dios a toda la humanidad. Dios asume la condición humana y entra a este mundo como lo hace todo hombre: naciendo en la fragilidad de un bebé. Es desconcertante contemplar a un Dios hecho hombre, mucho más si este hombre no es un super-hombre, dotado de todo el poder que confiere este mundo, sino un Niño sumamente frágil, necesitado de todos los cuidados, de todo el cariño y la ternura de sus padres. El misterio de Navidad sólo se puede vivir desde el asombro, si perdemos la capacidad de asombro la Navidad es sólo pan dulce, confites y sidra.
Asombro y perplejidad sintió San José cuando se enteró que María, su comprometida, había quedado embarazada. Tuvo que escuchar en sueños la voz del Ángel para aceptar el designio de Dios sobre su persona y el destino que a él le tocaría, ser el custodio de María y del Niño Dios. El ejemplo de San José es admirable, tan admirable como su silencio y su servicio, su disponibilidad y su obediencia a la voluntad de Dios.
Asombro y capacidad de recibir el mejor de los regalos, abrir el mejor de los tesoros, desenvolver el mayor de los misterios: Dios con nosotros. Ese Dios nacerá en una cueva de olvido, sumamente pobre y desvalido, le darán calor las manos dulces de su Madre, y el cuidado y la cercanía de San José. Navidad no es una vidriera adornada de luces, sino un establo donde duermen los animales, Dios nace de esta manera para que podamos entender que no hay vida cristiana si no hay renuncia a todas nuestras actitudes mundanas, egoístas y muchas veces violentas. Navidad, Dios con nosotros para que podamos nosotros estar más cerca de Dios, este trueque nos trajo la salvación, como lo dice San Juan de la Cruz:
“Y la madre estaba en pasmo
cuando tal trueque veía:
el llanto del hombre en Dios
y en el hombre la alegría;
lo cual del uno y del otro
tan ajeno ser solía”







