En un templo colmado de fieles, el lunes 9 de febrero el presbítero Lucas Di Leva asumió como nuevo párroco de Cristo Resucitado. La celebración estuvo presidida por el obispo diocesano, monseñor Ernesto Giobando sj, y concelebrada por el vicario general y hasta ahora administrador parroquial, presbítero Hernán David, junto a otros sacerdotes.
Al inicio de la Misa, el padre Luis Albóniga dio lectura al decreto de nombramiento. Luego, en el marco del rito de toma de posesión, el nuevo párroco realizó la profesión de fe y el juramento de fidelidad, asumiendo formalmente el cuidado pastoral de la comunidad.
En su homilía, a la luz del Evangelio proclamado —donde la gente buscaba a Jesús y rogaba tocar siquiera los flecos de su manto—, monseñor Giobando invitó a vivir esta nueva etapa con cercanía y disponibilidad. Recordó que, al discernir juntos el destino de Lucas, su respuesta fue inmediata: “sí, con mucho gusto voy”, porque —subrayó— el sacerdote está llamado a “ser disponible a lo que nos pide Dios”.
Retomando la imagen evangélica, el obispo señaló que el pueblo sabía dónde encontrar a Jesús y por eso lo buscaba con confianza. Y aplicándolo a la vida parroquial añadió, con sencillez, que hoy no se trata de tocar los flecos, sino de “tocar el timbre”: que la comunidad sepa dónde está su pastor, porque necesita quien acompañe, escuche y celebre.
“Al tener hoy un párroco, tiene un pastor”, afirmó también, deseando que en este ministerio “la gente reconozca a Jesús”, verdadero centro de la vida parroquial.
Al finalizar la celebración, el padre Lucas tomó la palabra y agradeció a su familia y a las comunidades donde sirvió —La Asunción y, más recientemente, Santa Cecilia— y expresó su deseo de cercanía: “estar el mayor tiempo posible acá para ustedes”, recorriendo el barrio y las capillas.
Inspirado en palabras del Papa Francisco, recordó que la Iglesia es un lugar donde “hay lugar para todos”, y manifestó su anhelo de que la comunidad pueda irradiar la fuerza de Cristo Resucitado en el barrio.















