Continuamos leyendo este domingo el Sermón de la montaña, allí Jesús invita a los discípulos a que cumplan con lo mandado por la Ley judía, pero da un nuevo sentido, no ya literal como en general se interpretaba la Ley, sino en un sentido nuevo, con la fuerza de la Buena Noticia. Es por ello que Jesús da cumplimiento a lo que está escrito, invita a una nueva mirada sobre los mandamientos y preceptos para sacar de ellos la sabiduría que poseen y el alcance que tienen.

Una religión que sólo tiene preceptos que cumplir es una religión sin profundidad, de corto alcance, generalmente provoca en la persona una tranquilidad de conciencia, por aquello del “ya cumplí”, tan extendido en la mentalidad hebrea de los tiempos de Jesús y en la nuestra también.

El quinto mandamiento dice “no matar”. Podemos quedarnos allí diciendo: “yo no hago mal a nadie, no mato, no robo…etc.” El
peligro es que ese pensamiento oculte otra dimensión, mucho más delicada y que tiene que ver con el trato de las personas. Jesús hace referencia a las peleas entre hermanos, un ejemplo muy extendido desde que el hombre es hombre, ya desde Caín y Abel. La pelea puede comenzar con un no entendimiento, luego puede seguir un distanciamiento, al que se le agrega un no hablarse más. Y si se le condimenta con la ira, los celos, la envidia, puede dar lugar a reacciones violentas e impredecibles, de allí a cualquier fin trágico.

Cuántas veces escuchamos entre seres que se han querido: “para mi ya está muerto”. Claro, no mataste a tu hermano, pero lo declaraste muerto. Allí apunta Jesús el mandamiento, a que se realizar una reconciliación, a dar lugar al perdón.

El dar cumplimiento a la Ley, o a lo mandado, es hacer siempre una elección.
En la primera lectura se nos presenta la capacidad humana del libre albedrío, elegir entre el fuego y el agua, entre la muerte y la vida.

La libertad no es hacer o elegir lo que se me da la gana, sino aquello que más me hace persona, aquello que me asemeja a mi
prójimo, que me hace más cercano a las necesidades y sufrimientos de los que me rodean.
Creemos que elegir es poseer, cuando la verdadera elección es siempre una renuncia a algo o a alguien por un bien mayor, por un amor mayor, entendiendo amor no la dimensión solo afectiva, sino en la dimensión oblativa.

En la segunda lectura el Apóstol Pablo nos indica cuál es esta sabiduría que proviene de Dios, una sabiduría oculta para
aquellos que creen saber algo, o que creen que todo lo saben.
Esa sabiduría es revelada por el Espíritu Santo y está escondida en el misterio de la Santísima Trinidad, es un don de lo alto que nos hace capaces de entender, percibir siquiera cuán grande es lo que Dios tiene preparado para los que lo aman. Sabiduría que nos hace gustar, saborear, el infinito amor de Dios revelado en la muerte y resurrección de Jesús.

Descarga la homilía acá: https://drive.google.com/file/d/18yDkqU4CP7eyLWne_eK9HvhW82_9KQpl/view?usp=sharing