En la Catedral, monseñor Ernesto Giobando presidió la celebración eucarística en el día de Santa Mama Antula, primera santa argentina. Concelebraron el vicario general, presbítero Hernán David, y el presbítero Daniel Climiente. En su homilía, el obispo vinculó la figura de la santa santiagueña con el Evangelio de la mujer samaritana, recordando que “a lo largo del Evangelio hay muchas mujeres que se encuentran con el Señor”, y que ese encuentro transforma la vida.
Reflexionando sobre el diálogo entre Jesús y la samaritana, monseñor Giobando —quien fue uno de los principales impulsores de la causa de canonización de la santa— destacó la frase central del Evangelio: “Dame de beber”. Y explicó: “Eso es lo que nos pide hoy el Señor. Dame de beber. Dios tiene sed de nosotros”. Al profundizar en este misterio, añadió: “Cuando uno tiene sed tiene necesidad. No es que Dios nos necesita porque es omnipotente, sino porque nos ama.”
El obispo señaló que el encuentro con Cristo cambia el corazón, como ocurrió con la samaritana, que “quedó tocada por el Señor y se convirtió en una verdadera adoradora en espíritu y en verdad”. En esa línea presentó la figura de Mama Antula como “esta mujer santiagueña, criolla, bien nuestra”, que dedicó su vida a que otros pudieran encontrarse con Dios a través de los Ejercicios Espirituales.
También evocó su valentía misionera: tras la expulsión de los jesuitas, explicó, ella perseveró en su misión de difundir los ejercicios y recorrió miles de leguas. “Su vida fue para que todos conocieran a Cristo”, afirmó, recordando que por la Santa Casa de Ejercicios fundada por ella “más de 50 mil personas hicieron ejercicios en vida de Santa Mamantula”. Al final de la celebración, encomendó especialmente a las mujeres la misión de transformar el mundo con la fuerza del Evangelio y concluyó pidiendo que “Dios las bendiga y que Santa Mama Antula las cuide desde el cielo”.












