La parroquia Parroquia San Pío de Pietrelcina celebró con profunda alegría los 25 años de la consagración de su templo, en una Eucaristía presidida por el obispo diocesano, monseñor Ernesto Giobando sj.

Se trata de una comunidad con una historia particular en la ciudad, ya que nació en torno a la devoción a San Pío de Pietrelcina incluso antes de su canonización, consolidándose con el tiempo como un espacio de referencia espiritual para numerosos fieles y peregrinos, especialmente cada día 23.

La celebración convocó a sacerdotes que han acompañado la vida parroquial a lo largo de los años, autoridades civiles, representantes de instituciones y una nutrida participación de fieles, en un clima de gratitud por el camino recorrido.

En su homilía, el obispo enmarcó la celebración en la solemnidad de la Anunciación del Señor y puso en el centro la alegría del Evangelio, recordando que todo comienza con aquella invitación: “alégrate, alégrate María”. Desde allí animó a la comunidad a “recuperar la alegría”, una alegría profunda, “espiritual”, que sostiene el camino de la fe y transforma la vida cotidiana.

Al referirse a la Virgen, destacó su disponibilidad confiada al plan de Dios, señalando que “fue el primer sí cristiano”, y que cuando el hombre deja obrar a Dios, “las cosas cambian totalmente”. Esa apertura —explicó— implica también un despojo interior, un aprender a “vaciarnos de nosotros mismos” para que Dios pueda actuar.

En esa misma línea presentó el testimonio de San Pío de Pietrelcina, como una vida concreta atravesada por la cruz y sostenida en la humildad. Recordó su sencillez y su entrega silenciosa, desde donde ayudó a tantos a encontrarse con Dios, viviendo su vocación como “un fraile que reza”.

El obispo evocó también los comienzos de la devoción en la ciudad, cuando la imagen del santo llegó en una multitudinaria caravana, dando origen a una comunidad que, desde entonces, se reconoce como un lugar donde se encuentra a Dios y donde los más necesitados son acompañados.

Al referirse a la consagración del templo, subrayó que no se trata solo de un edificio, sino de un pueblo reunido: “cuando se consagra una parroquia, no se consagra el templo solamente, se consagra al pueblo de Dios”, destacando la responsabilidad de todos en el testimonio de la fe. En ese marco, la bendición del campanario —cuyas campanas volvieron a sonar luego de ocho años— fue presentada como un signo que interpela y convoca, un recordatorio de que Dios sigue llamando.

Durante la jornada se proyectó un video conmemorativo, se presentaron tres composiciones originales del Coro Padre Pío —“Llagas de amor”, “Como hijos” y “Casa de alivio”— y se dio a conocer el anuario parroquial, como memoria agradecida de estos 25 años de vida.

Al final de la celebración, el párroco, presbítero Juan Pablo Arrachea, compartió con sencillez el sentir de la comunidad, expresando que el corazón se eleva en una sola palabra, “gracias”, por estos 25 años en los que el Señor quiso habitar en medio de su pueblo. Invitó a reconocer que lo celebrado no es solo una fecha, sino un misterio vivo, y recordó que en este templo muchos han encontrado consuelo, luz y fortaleza a lo largo del tiempo.

Con esa misma mirada agradecida, encomendó a la comunidad a la intercesión de San Pío de Pietrelcina, pidiendo que la parroquia continúe siendo presencia de Dios y faro de esperanza, y que este templo siga siendo un lugar de encuentro abierto para todos.

La celebración concluyó con un ágape fraterno, en un clima de alegría compartida y cercanía.