La comunidad diocesana de Mar del Plata dio inicio a la Semana Santa con la celebración del Domingo de Ramos, presidida por Mons. Ernesto Giobando, obispo de Mar del Plata, quien invitó a vivir este tiempo poniendo a Cristo en el centro de la vida.
Al comenzar su homilía, el obispo se detuvo en el signo de los ramos bendecidos y expresó que “estos ramitos de olivo es un signo que a todos nos convoca”, destacando el valor de poder llevarlo a casa y colocarlo junto a una imagen o un crucifijo como compañía en este tiempo. En ese marco, subrayó que “es un signo fuerte” y planteó preguntas que invitan a profundizar el sentido de la celebración: “¿Es por el ramo? ¿Es para escuchar la pasión de Jesús? ¿Es para meditar qué tiene que ver la pasión de Jesús con mi vida?”.
A partir de allí, fue conduciendo a la asamblea al corazón del misterio celebrado, señalando que no solo se trata de aclamar al Señor, sino también de reconocerse necesitado de su misericordia, ya que “todo lo que hemos escuchado en la pasión, Jesús lo hace por nosotros”. Por eso, propuso una interpelación concreta: “¿Qué voy a hacer por Él si Él tanto hizo por mí?”.
Al contemplar la pasión del Señor, recordó que “Jesús, siendo inocente, verdadero Dios y verdadero hombre, quiso padecer como un malhechor en la cruz”, pasando por el dolor, la humillación y el rechazo. En ese sentido, afirmó que “la cruz es la sabiduría que Dios nos invita a reflexionar y a vivir” y que “la sabiduría de la cruz es un regalo del Espíritu Santo”.
En continuidad, invitó a profundizar personalmente este misterio durante la semana, proponiendo que “en sus casas, en algún momento, vuelvan a leer la pasión que hemos leído hoy, la de San Mateo”, y a preguntarse “¿dónde me siento reflejado en esta pasión? ¿Es una historia que está lejos de mí o es una historia que pasa por mi corazón y me atraviesa?”.
El obispo también destacó que lo que ocurre en la pasión no es ajeno a la vida de cada uno, ya que “todo lo que en la pasión ocurre, en cierto modo ocurre en nuestra vida”. En ese marco, evocó las actitudes de los discípulos, recordando que “Pedro tres veces le dijo ‘no lo conozco’”, y cómo muchos, que habían prometido fidelidad, no pudieron sostenerla. Frente a esto, puso en valor a quienes permanecieron junto a la cruz, señalando que “esas mujeres no se borraron… siempre apuestan por la vida, por la luz, por la esperanza”.
A la vez, subrayó que este camino no puede comprenderse sin la Pascua, advirtiendo que “sería incompleto si no celebramos el domingo de Pascua” y que no hay que quedarse solo en la cruz. Con un tono cercano, recordó que “no nos quedemos solo con el huevito de Pascua… la Pascua es Cristo resucitado, nuestra luz, nuestra vida, nuestra redención”.
Retomando el camino pastoral de la diócesis, animó a los fieles a que “tenemos que llevar a ese Jesús y ponerlo en el centro de nuestra vida”, insistiendo en que “pongamos a Cristo en el centro”, como gracia para este tiempo de Semana Santa.
Finalmente, al dar inicio a estos días santos, expresó que “al salir de esta Eucaristía damos comienzo a la Semana Santa”, un tiempo en el que cada jornada permitirá recordar lo que Jesús hizo por nosotros hasta llegar a la Pascua, “y dar gracias porque Jesús es nuestra vida”.
La homilía concluyó con una referencia a la Virgen María, pidiendo que “nos acompañe en el camino”, y evocándola como “la Madre del Tercer Día”, en la esperanza de la resurrección.












