Con una fuerte participación juvenil y un clima de alegría y oración, la diócesis de Mar del Plata vivió la Jornada del Buen Pastor en el Colegio Don Orione, que culminó con la celebración de la Misa en la parroquia San José. La propuesta, organizada por la Pastoral Vocacional, reunió a cerca de 200 adolescentes y jóvenes.

A lo largo del día se sucedieron momentos de animación, espacios de reflexión en grupos y testimonios vocacionales que marcaron el pulso de la jornada. Un matrimonio, una religiosa y el propio obispo compartieron sus experiencias de vida como respuesta al llamado de Dios, abriendo caminos concretos para pensar la propia vocación.

El obispo diocesano, monseñor Ernesto Giobando SJ, acompañó toda la jornada y presidió la Eucaristía de cierre. Uno de los momentos más intensos fue la adoración eucarística, guiada por una religiosa, en un clima de profundo recogimiento. La bendición eucarística estuvo a cargo del asesor de la Pastoral Vocacional, presbítero Juan Cruz Mennilli, coronando ese espacio de encuentro con el Señor.

En la homilía, monseñor Giobando ofreció una catequesis cercana y concreta a partir del signo del báculo. “Voy a predicar con este bastón, que es el báculo, y que los pastores usan también”, dijo al comenzar, para explicar enseguida su sentido concreto: “Cuando hay una oveja que se está por caer o está en un lugar peligroso, el pastor con su bastón la agarra del cuello para que no se caiga y la trae. Es como un salvavidas, para que no se pierda”.

Esa imagen le permitió profundizar el modo en que Jesús se vincula con cada persona. Recordó que “el buen pastor conoce a sus ovejas por su nombre y nadie sigue a alguien desconocido”, y por eso animó a los jóvenes a afinar el oído del corazón: “Tenemos que escuchar su voz, una voz que acoge, una voz que habla desde el corazón”.

También subrayó la entrega total de Cristo, un pastor que “no salva a medias, no se reserva, no dijo ‘voy a ser pastor de 8 a 12’”, sino que “se entregó”. De ese modo, remarcó la cercanía personal del Señor, que “nos conoce de verdad”.

Seguidamente contrastó esta propuesta con la cultura actual al preguntar: “¿Se imaginan un juego donde haya pastores que se destruyan?”. Y advirtió que “estamos rodeados de violencia: tiros, muerte, explosiones, incluso desafíos de TikTok, todo por la línea de la violencia”. Frente a ese escenario, reafirmó que Jesús “es el buen pastor” y “la puerta”, por la que “entramos al corazón de Jesús”.

Finalmente, invitó a revisar las ideas sobre la felicidad, señalando que muchas veces se la identifica con “tener, consumir, dar una vuelta y traerse algo más”, para preguntarse con sencillez: “¿esa es la felicidad? ¿Seguro?”. Y propuso el camino del Evangelio, donde Jesús “no tiene nada más que su corazón lleno de amor y da la vida por sus ovejas”.

La celebración concluyó con una invitación directa a la respuesta personal: decirle que sí al Señor, “quiero seguirte, dejo todo y te sigo”. Y, retomando el salmo, recordó que si “el Señor es mi pastor, nada me puede faltar”.