En la Iglesia Catedral, el obispo diocesano, monseñor Ernesto Giobando SJ, presidió este domingo 21 de junio la celebración eucarística en la que siete candidatos al diaconado permanente recibieron ministerios como parte de su camino de formación y discernimiento.

Durante la celebración, Cristian Corral fue instituido en el ministerio de lector, mientras que Jorge Barbisán, Adrián Aguirre, Marcelo Elvira, Alejandro Lute, Adrián Rivero y Juan Tisera recibieron el ministerio del acolitado. La Eucaristía fue concelebrada por el presbítero Fernando Mendoza, responsable de la Escuela Diaconal de la diócesis, junto a los párrocos de las comunidades de origen de los candidatos, quienes acompañan su proceso de formación y discernimiento hacia el diaconado permanente.

En su homilía, comentando el Evangelio del día, el Obispo recordó la invitación de Jesús a sus discípulos a vivir la misión sin temor. “No tengan miedo”, repitió, señalando que la confianza nace de la certeza de que el Señor acompaña siempre a quienes llama y envía. Recordando la experiencia del profeta Jeremías y las distintas vocaciones en la Iglesia, afirmó que el seguimiento de Cristo no está exento de desafíos, pero que la certeza de que el Señor acompaña y sostiene a quienes llama permite perseverar en la misión. “Yo estoy con vos”, recordó, destacando que la confianza en Dios es la fuente de la fortaleza necesaria para vivir la fe y responder generosamente a la propia vocación.

Al referirse a los ministerios recibidos, monseñor Giobando destacó especialmente la dimensión del servicio propia del diaconado. Recordó que “diaconado es servicio y servicio es ser cristiano”, y que los futuros diáconos están llamados a ser “servidores del Señor” y “servidores de la Palabra”, siguiendo el ejemplo de Jesús, que se presentó ante sus discípulos como aquel que sirve.

Asimismo, explicó que el servicio constituye una dimensión fundamental de la vida de la Iglesia y una expresión concreta del mandamiento de la caridad. “Si tenemos que poner en práctica el mandamiento del amor, nos tenemos que hacer servidores unos a otros”, afirmó, subrayando que el servicio ayuda a despojarse de los protagonismos personales para poner a Cristo y a la comunidad en el centro.

Dirigiéndose a los candidatos, señaló que el camino hacia el diaconado requiere tiempo de oración, estudio y discernimiento. Recordó también que la vocación diaconal no se limita al servicio litúrgico, sino que implica “ponerse a los pies de los demás”, siguiendo el gesto de Cristo en el lavatorio de los pies y haciéndose cercanos a las necesidades de los hermanos.

El Obispo valoró además la presencia de las esposas de los candidatos, destacando que acompañan este camino y enriquecen el ministerio desde la vida familiar y comunitaria, como una gracia particular para la Iglesia.

Al concluir la celebración, y en el marco del Día del Padre, saludó a todos los padres presentes y los animó a vivir su misión con espíritu de servicio, fidelidad y entrega, reconociendo en la paternidad un reflejo de la paternidad de Dios.