La comunidad de la capilla San Ignacio de Loyola, perteneciente a la parroquia Cristo Rey, celebró este fin de semana su fiesta patronal con la Santa Misa presidida por el obispo de Mar del Plata, Mons. Ernesto Giobando SJ, y concelebrada por el párroco, R. P. Jayanth Kumar SchP., y el vicario parroquial, R. P. Suresh Kumar SchP.

La celebración reunió a los fieles del barrio en torno al altar para dar gracias por el testimonio de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, en una festividad especialmente significativa para monseñor Giobando como miembro de la orden fundada por el santo de Loyola.

Al comenzar la homilía, el Obispo compartió la alegría de poder participar por primera vez de esta fiesta patronal y tras recorrer previamente el barrio, expresó que «hay que embarrarse para llevar la Buena Noticia», recordando que una Iglesia misionera es aquella «que sale, que reza, que bendice» y permanece cercana a quienes más necesitan una mano tendida.

A la luz de la Palabra de Dios proclamada en este XVIII Domingo del Tiempo Ordinario, invitó a contemplar cómo el Señor es el verdadero alimento que sacia el corazón humano y destacó la pregunta de san Pablo: «¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo?». Desde allí unió esa interpelación con la experiencia espiritual de San Ignacio: «¿Qué quiere el Señor de mí?», recordando que el santo encontró la respuesta atravesando diversas experiencias de vida: algunas «lo dejaron seco y vacío, como las cosas de este mundo», mientras que otras «llenaron su corazón de fe y de consuelo». Finalmente, -destacó- “San Ignacio respondió con generosidad: «Lo voy a seguir a Cristo», dejando atrás una vida de privilegios para entregarse plenamente al seguimiento del Señor.”

Comentando el Evangelio de la multiplicación de los panes y los peces, monseñor Giobando señaló que el milagro comienza cuando cada uno ofrece a Jesús lo poco que tiene. «Jesús hace de nuestra pobreza la mayor riqueza», afirmó, subrayando además que el signo también nace del compartir, porque la comunión no consiste solamente en recibir el Cuerpo de Cristo sino en construir comunidad.

Refiriéndose a la realidad de la capilla, ubicada en la periferia de la ciudad, animó a los presentes a ser una comunidad abierta y acogedora, recordando que Jesús recorría los caminos y las periferias para encontrarse con la gente. Invitó a que cada uno aporte «sus cinco panes y sus dos pescados», dejando que sea el Señor quien realice la multiplicación.

En un pasaje especialmente cercano, el Obispo evocó la amistad entre San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, destacando cómo la perseverancia de Ignacio llevó a Javier a realizar los Ejercicios Espirituales y convertirse luego en un gran misionero de Oriente, llevando también la fe a la India. Este recuerdo tuvo además un significado especial para la comunidad, ya que los sacerdotes escolapios que hoy sirven en la parroquia son originarios de ese país.

Como jesuita, Mons. Giobando compartió también un testimonio personal al recordar que este año se cumplen cincuenta años desde que realizó por primera vez los Ejercicios Espirituales, y en el tramo final de su homilía dejó dos expresiones muy queridas de San Ignacio de Loyola. La primera: «Dejar obrar a Dios en la criatura», invitando a confiar en la acción del Señor, capaz de realizar «muchos milagros» cuando encuentra un corazón disponible. Y recordó también otra enseñanza del fundador de la Compañía de Jesús: «Me siento delante de Dios como puro impedimento», una invitación a reconocer con humildad los obstáculos que muchas veces ponemos a la gracia de Dios. Finalmente, encomendó a la comunidad al santo patrono pidiendo: «Que San Ignacio nos ayude a dar una respuesta generosa como la de él».

La celebración concluyó con la alegría propia de la fiesta patronal, renovando el compromiso de la comunidad de San Ignacio de Loyola de seguir anunciando el Evangelio desde este rincón de la ciudad, y compartiendo finalmente un encuentro fraterno.