La comunidad de la parroquia Nuestra Señora de Fátima de Mar del Plata vivió el viernes 4 de septiembre una celebración especialmente significativa con la solemne consagración de su nuevo altar, presidida por monseñor Ernesto Giobando SJ, obispo de Mar del Plata.
La celebración tuvo lugar en el marco de la fiesta de Nuestra Señora de la Consolación, patrona de la Orden de Agustinos Recoletos, y se vinculó además con el centenario de la consagración de la Orden a esta advocación mariana. En efecto, en 1926, el entonces prior general de los Agustinos Recoletos, fray Vicente Soler, promovió y firmó el acto por el cual la Orden se puso bajo la protección de Nuestra Señora de la Consolación.
La Eucaristía fue concelebrada por los religiosos agustinos recoletos fray Patricio Parmo, actual párroco de la comunidad, y fray Marcelo Bragatto, junto con el presbítero Juan Cruz Padilla. Este último tuvo a su cargo diversos trabajos de orfebrería que formaron parte de la puesta en valor y renovación del presbiterio.
Uno de los momentos centrales de la celebración fue la presentación y colocación de las reliquias de san Ezequiel Moreno y del beato Vicente Soler, que quedaron depositadas en el nuevo altar. Ambos pertenecen a la familia agustino-recoleta y expresan, desde su testimonio de vida y santidad, la historia espiritual de la Orden.
San Ezequiel Moreno (1848-1906) fue obispo de Pasto, en Colombia, y misionero agustino recoleto. Es especialmente recordado por su entrega pastoral y por su vida de oración y servicio a los enfermos. Fue canonizado por san Juan Pablo II en 1992.
Por su parte, el beato Vicente Soler (1872-1936) fue prior general de los Agustinos Recoletos y uno de los principales impulsores de la consagración de la Orden a Nuestra Señora de la Consolación en 1926. Murió mártir durante la persecución religiosa en España y fue beatificado en 1999.
Durante el rito de dedicación, el altar fue rociado con agua bendita, ungido con el santo crisma, incensado, revestido e iluminado. De este modo, quedó destinado de manera permanente a la celebración de la Eucaristía y de los demás misterios de la fe. Estos signos expresan que el altar es el lugar central en torno al cual la comunidad cristiana se reúne como familia de Dios para celebrar el sacrificio de Cristo.
La celebración estuvo acompañada también por la Confirmación de un grupo de adolescentes de la comunidad. Luego de la renovación de las promesas bautismales, monseñor Giobando impuso las manos sobre los confirmandos y los ungió con el santo crisma, vinculando así la celebración de los sacramentos con la consagración del nuevo altar.
En su homilía, el obispo invitó a los jóvenes a “decirle sí al Espíritu Santo”, recordándoles que la vida cristiana es una respuesta cotidiana a la acción de Dios. También destacó el significado del altar como “la mesa en torno a la cual somos convocados como familia de Dios y donde se hace presente para nosotros el sacrificio de Cristo en la Eucaristía”.
La jornada tuvo además un particular carácter comunitario por la despedida de fray Patricio Parmo, quien estuvo al frente de la parroquia durante nueve años y próximamente asumirá una nueva misión pastoral en la iglesia San José de Santa Fe, perteneciente también a la Orden de Agustinos Recoletos. Al finalizar la celebración, monseñor Giobando agradeció a la comunidad de Fátima por haberlo recibido “desde el primer momento como un pastor y hermano” y expresó su reconocimiento al religioso por los años de servicio pastoral compartidos.
La consagración del nuevo altar se convierte así en un signo visible de la renovación de la comunidad de Nuestra Señora de Fátima, que continúa su camino de fe bajo la protección de María, Madre de la Consolación, y en comunión con la espiritualidad y la tradición de los Agustinos Recoletos.













