El obispo de Mar del Plata, monseñor Ernesto Giobando sj., presidió la fiesta patronal en la capilla Nuestra Señora de los Dolores, perteneciente a la parroquia San Antonio, acompañado por el párroco, presbítero Arturo Pessagno.
En su homilía, a partir del Evangelio de la parábola de los trabajadores de la viña, monseñor Giobando invitó a reconocer la lógica de Dios, que es «bueno con todos», y a dejar de lado la tendencia a compararnos y juzgar a los demás. En este sentido, señaló que quienes participan de la vida de la Iglesia desde hace tiempo están llamados a no convertirse en «jueces ni quejosos por aquellos que llegan en la última hora».
Al celebrar a la Virgen de los Dolores, destacó también su humildad y su cercanía con el sufrimiento de sus hijos. «María, humilde servidora del Señor, Ella sigue siempre a su hijo. Aunque su hijo pase por la cruz y por la muerte, su madre está», expresó.
Finalmente, invitó a la comunidad a mirar a María como modelo para acompañar a quienes atraviesan situaciones de dolor y necesidad, y pidió que la capilla pueda ser una presencia cercana para sus vecinos. «Que podamos ser una comunidad que acompaña a los demás, que ayuda a los demás, que no deje a nadie tirado en el camino», concluyó.












