En el marco del Congreso Provincial de Delegadas y Delegados del Sindicato Argentino de Docentes Privados (SADOP) de la provincia de Buenos Aires, realizado en Mar del Plata el pasado 2 de octubre bajo el lema “Habitar la escuela, construir la organización”, monseñor Ernesto Giobando sj. participó como expositor de un panel dedicado a la educación, el trabajo y los desafíos que plantea la inteligencia artificial.

El encuentro reunió a más de 500 delegadas y delegados de escuelas de gestión privada de toda la provincia y contó con la participación de dirigentes sindicales, autoridades provinciales y referentes del ámbito educativo. Participaron también el vicario episcopal de Educación, presbítero Juan Cruz Mennilli, y autoridades de la JuREC, encabezadas por su presidente, Javier Sánchez, y el vicepresidente, Fernando Navarra.

Monseñor Giobando compartió el panel con Fernando Schapachnik, Luz Albergucci, Javier Ranaldi y Claudia Bracchi, en un espacio de reflexión sobre las transformaciones que la inteligencia artificial está produciendo en el mundo del trabajo y en los procesos educativos.

En su exposición, el obispo tomó como referencia algunos planteos de la encíclica Magnifica Humanitas, de León XIV, dedicada a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. En particular, abordó el desafío de pensar la tecnología desde una perspectiva que coloque en el centro a la persona, su dignidad y su capacidad de discernimiento.

En los números 143 al 147 de la encíclica, León XIV presenta a la escuela como un ámbito privilegiado para aprender a buscar y amar la verdad, desarrollar el pensamiento crítico, interrogarse por el sentido de la vida y reconocer la dignidad de cada persona. A la vez, advierte sobre el desafío de evitar que el flujo permanente de información termine reemplazando la investigación, la reflexión y el discernimiento.

En este marco, la encíclica propone una renovación de la alianza entre familias, escuelas, comunidades cristianas e instituciones públicas, y señala que la escuela no está llamada a perseguir la velocidad del mundo digital, sino a ofrecer aquello que la tecnología por sí sola no puede brindar: “tiempo compartido para aprender y relaciones fiables”.