En una Catedral de Catedral de los Santos Pedro y Cecilia colmada de fieles, monseñor Ernesto Giobando SJ presidió la Santa Misa del Miércoles de Ceniza, dando inicio al tiempo de Cuaresma. La celebración marcó el comienzo de los cuarenta días de preparación hacia la Pascua, un tiempo fuerte de conversión, oración y caridad para toda la comunidad diocesana.

Al comenzar su homilía, el obispo invitó a vivir este tiempo como una oportunidad de revisión interior: “Se trata de volver a lo más importante”, expresó, retomando el llamado del profeta: “Vuelvan a mí de todo corazón”. Recordó que la conversión “no es simplemente un giro exterior, sino volver al Señor”, reencontrarse con Aquel que da sentido a la vida.

Monseñor Giobando subrayó que la Cuaresma es también tiempo de reconciliación. Citando a san Pablo, exhortó: “Déjense reconciliar por Dios”, y animó a los fieles a acercarse al sacramento de la Reconciliación, donde “se desata aquello que muchas veces queda atado por nuestro egoísmo”. En ese marco, señaló que el examen de conciencia debe centrarse en el mandamiento del amor: amar a Dios y al prójimo.

Al referirse al ayuno, la oración y la limosna, propios de este día, explicó que no se trata solo de privaciones externas. “No hacemos penitencia para sufrir, sino para crecer en la caridad”, afirmó. En esa línea, invitó a preguntarse cómo mejorar los vínculos cotidianos: con palabras oportunas, con paciencia, con gestos concretos de misericordia, recordando que “quiero misericordia y no sacrificios”.

Finalmente, el obispo alentó a vivir estos cuarenta días como “un camino hacia la luz”, dejando que Cristo transforme el corazón y las relaciones. En una ciudad que recibe a tantos visitantes pero que también enfrenta necesidades concretas, llamó a que la Cuaresma se traduzca en obras que mejoren el entorno más cercano. Así, la Iglesia en Mar del Plata comenzó un nuevo itinerario penitencial, orientado a la Pascua del Señor.