Cientos de fieles de distintas parroquias de la diócesis de Mar del Plata participaron de la tradicional peregrinación al Calvario de Tandil, un signo de fe que año a año convoca a la comunidad a caminar juntos en este tiempo de Cuaresma. La jornada incluyó el rezo del Vía Crucis a lo largo del predio —con sus emblemáticas estaciones representadas en imágenes de piedra que acompañan el ascenso— y la celebración de la Eucaristía, presidida por el obispo diocesano, Mons. Ernesto Giobando SJ.

Un camino de fe en Cuaresma

Durante la homilía, el obispo invitó a contemplar el Evangelio de la resurrección de Lázaro, destacando la cercanía de Jesús con sus amigos: “Qué bueno es tener la amistad de Jesús; es lo más grande que nos ha dado el Señor”. En ese marco, vinculó este pasaje con los evangelios de los domingos anteriores —la samaritana y el ciego de nacimiento— como expresiones centrales de la fe cristiana: el don del agua viva, la luz que abre los ojos del alma y la vida nueva en Cristo.

“Jesús nos dice: ‘Yo soy la resurrección y la vida’. Y hoy nos pregunta: ‘¿creés esto?’”, señaló, subrayando que la fe no es solo una afirmación, sino una adhesión profunda que transforma la existencia.

La cruz y la fragilidad humana

Mons. Giobando también se detuvo en el significado de la cruz en la vida cotidiana: “Todos traemos una cruz”. Y advirtió que no se trata de una cruz meramente externa o decorativa, “colgada”, sino de aquella que se carga en la vida concreta, donde aparece la fragilidad, el cansancio y la necesidad de ayuda.

En este sentido, invitó a reconocer que “no somos autosuficientes”, que muchas veces hace falta “un cireneo que nos ayude”, y que es precisamente en esa debilidad donde se abre el corazón a Dios, pidiendo perdón y recibiendo su gracia.

El rezo del Vía Crucis, acompañado por textos del Beato Eduardo Pironio, permitió profundizar esta experiencia: palabras escritas hace décadas que, sin embargo, siguen iluminando el presente y haciendo actual el mensaje del Evangelio.

Memoria, verdad y esperanza

En el contexto de un nuevo aniversario del golpe de Estado de 1976, el obispo invitó a hacer memoria desde la fe. Recordó a las víctimas, a los desaparecidos y el dolor de una sociedad que aún lleva las heridas de aquel tiempo, subrayando la importancia de sostener el compromiso con la verdad y la justicia.

Al mismo tiempo, propuso mirar hacia adelante incorporando dos actitudes fundamentales: “esperanza y ternura”. Destacó que la ternura “no es debilidad, sino expresión de la misericordia de Dios”, capaz de sanar y reconciliar, y que la esperanza cristiana impulsa a no quedar atrapados en el pasado, sino a construir un futuro distinto.

Una Iglesia que mira en grande

Finalmente, Mons. Giobando animó a la diócesis a vivir una fe comprometida y abierta: “No podemos quedarnos en una fe individual ni en proyectos pequeños”. E invitó a pensar en grande, recordando que las obras más grandes de Dios nacen de lo sencillo y humilde.

La peregrinación concluyó con la renovación de la fe, en un clima de profunda participación y comunión eclesial, reafirmando la certeza de que Cristo es “la resurrección y la vida” y el fundamento de toda esperanza.