Domingo 28º Durante el Año Ciclo B. 10 de octubre de 2021
Primera lectura: Sab 7,7-11| Salmo: Sal 89,12-17| Segunda lectura: Heb 4,12-13| Evangelio: Mc 10,17-30 (o bien más breve: Mc 10,17-27)
En el texto más breve del Evangelio de este Domingo se nos presenta el conocido relato del hombre rico en la versión de Marcos y luego, en conexión con el mismo, una reflexión de Jesús en torno al tema de la salvación. Teniendo presente este relato y el conjunto del resto de las lecturas propongo tres puntos para meditar con la Palabra sintetizados en tres palabras: ATADO, SABIDURÍA, AMOR.
- Estar ATADO a las riquezas
- La gran riqueza de la SABIDURÍA
- Jesús te mira con AMOR y te salva

- Estar ATADO a las riquezas
¿Cuál es, en definitiva, el gran drama del hombre rico? Es estar ATADO a sus riquezas. Aparentemente era bueno, cumplía con los mandamientos, pero no era totalmente libre, no era libre según Dios. Lo que poseía lo mantenía ATADO. ¿Cómo estamos en este aspecto cada uno de nosotros? Tengamos mucho o poco en diversos tipos de riquezas debemos examinarnos y preguntarnos cuál es nuestra actitud ante ellas. Tenemos que ser libres y no sentirnos ATADOS a nada de lo que poseamos, tenemos o somos. Recordemos una vez más que el mal no está en la riqueza en sí misma, sino en la actitud que tenemos ante ella.
Ante las riquezas que poseo (bienes materiales, formación, dotes humanos, relaciones afectivas…): ¿cuál es mi actitud? ¿Mi corazón está ATADO ante las pocas o muchas riquezas que poseo? ¿Me siento libre ante lo que tengo? ¿Qué ATADURAS me esclavizan más en este momento de mi vida? ¿Tengo mi mente puesta constantemente en las “riquezas” de este mundo? ¿Cómo me afecta la insaciable sociedad de consumo que nos rodea? ¿Me educo y educo a los demás para ser libres?
2. La gran riqueza de la SABIDURÍA
La primera lectura nos da la clave de la verdadera actitud ante las riquezas: que queden subordinadas a la verdadera riqueza que es la SABIDURÍA. SABIDURÍA bien entendida, no en un sentido académico, instructivo o enciclopédico. La SABIDURÍA en clave bíblica es el arte de vivir bien según la voluntad de Dios. Etimológicamente hablando SABIDURÍA está vincualda a SABOR. La SABIDURÍA en sentido teologal es la capacidad de descubrirle el verdadero sabor a la vida según Dios, que es SABIDURÍA con mayúscula. Por eso la SABIDURÍA viene vinculada a la verdadera prudencia. El SABIO es el que sabe vivir según Dios no estando atado a las riquezas de este mundo y aprendiendo a integrar lo bueno y lo malo, lo claro y lo oscuro, lo alegre y lo triste, lo fecundo y lo infecundo… Desde Dios, todo en la vida está llamado a ser fuente de SABIDURÍA.
¿Soy un hombre SABIO, una mujer SABIA? ¿Me dejo nutrir por Dios que es SABIDURÍA plena? Mi mirada de la vida, el mundo y la historia: ¿está marcada por la SABIDURÍA que viene de lo alto? En las diversas coyunturas de la vida, sobre todo en las más complejas: ¿busco ser prudente, aconsejo la prudencia o me dejo llevar por el primer impulso? ¿Aprendo a integrar creativamente todos los aspectos de la vida en clave de verdadera SABIDURÍA?
3. Jesús te mira con AMOR y te salva
Qué hermosa la frase del centro del Evangelio de hoy: “Jesús lo miró con AMOR…”. Tenemos que dejarnos tocar por esa mirada de AMOR de Jesús. Él nos fortalece y da sustento real a nuestra vida por su mirada de AMOR. Y esa “mirada” no es solo una metáfora sin sentido. Esa mirada de AMOR es salvación. Se ratifica en la segunda parte del relato. Ante la desesperación de los discípulos por la dificultad en torno a la salvación, Jesús deja en claro que siempre es don de Dios. No podemos salvarnos a nosotros mismo ni salvar a nadie: la salvación es siempre un don gratuito del Dios misericordioso. Mirada de AMOR y salvación eterna van de la mano. Debemos superar la tentación de creer que nos salvamos en primer lugar por nuestros méritos. Es Dios el que nos salva, porque para Él todo es posible. Eso es lo primero, principal y central. Luego, nosotros respondemos colaborando y buscando cada día hacer el bien sostenidos por su gracia.
¿Me dejo mirar por Jesús? ¿Cómo reacciono ante su mirada de AMOR? ¿Dejo que toque mi corazón y me convierta? ¿Me dejo salvar por el Señor o mi soberbia hace que Él quede al margen de mi existencia? ¿Soy consciente que la salvación es siempre en primer lugar un don gratuito de Dios? ¿Cómo respondo ante este regalo inmerecido? ¿Soy agradecido con el Dios que me mira con AMOR y me salva?
+Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina
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