Domingo 6º Durante el Año Ciclo C. 13 de febrero de 2022
Primera lectura: Jer 17,5-8 | Salmo: Sal 1,1-4.6 | Segunda lectura: 1Co 15,12.16-20| Evangelio: Lc 6,12-13.17.20-26
Así como en el Evangelio de Mt Jesús realiza el gran discurso del monte que se inicia con el texto de las bienaventuranzas, de la misma forma, el Evangelio de Lc, posee algo muy similar con el discurso de la llanura que también se inicia con el relato de las bienaventuranzas. Ese es el Evangelio de este Domingo.
Detengámonos en este Cristo orante, que de forma solmene toma contacto con tres círculos de personas: la multitud, dentro de ella sus discípulos, dentro de los discípulos sus apóstoles. Teniendo presente los textos bíblicos de esta celebración propongo tres puntos para orar con la Palabra sintetizados en tres expresiones: ELEGIDOS, FELICES, AY.
- Llamados y ELEGIDOS
- FELICES en el Señor
- ¡AY de ustedes!

- Llamados y ELEGIDOS
En la primera parte del texto evangélico Jesús llama y ELIGE a sus apóstoles. En esta ELECCIÓN tenemos que sentirnos profundamente identificados. Soy y somos los ELEGIDOS del Señor. No somos frutos del azar, no somos un gran conjunto de células, tampoco somos fruto de los avatares de nuestra buena o mala historia de vida personal y familiar. Dios nos pensó, nos llamó a la vida y a la existencia y nos ELIGIÓ y ELIJE de manera particular. Redescubrir esto en clave espiritual en el camino de la vida nos debe liberar de toda sensación de despersonalización, indiferencia o masificación tan presente en algunos espacios de nuestra cultura contemporánea. Dios nos ELIGE asumiendo, respetando y purificando nuestra propia historia. ¡Gracias Señor por tu llamado y ELECCIÓN!
¿Me descubro llamado por Dios? ¿Qué implica para mí hoy ser un ELEGIDO del Señor? En medio de los sinsabores de la vida: ¿Me reconforta saber que soy ELGIDO por Jesús? ¿Me dejo interpelar por el amor de Dios que me llama a la vida y me ELIGE para ser su discípulo misionero?
2. FELICES en el Señor
Somos llamados y elegidos para ser FELICES. En el núcleo de las bienaventuranzas está el llamado a la santidad que consiste en ser FELICES poniendo nuestra confianza en Dios, como también señalan la primera lectura y salmo de hoy. La FELICIDAD es más que un estado de ánimo, es más que algarabía o diversión, es más que expresión exterior… Ser FELICES en el Señor significa encontrar en Él y solo en Él la raíz profunda del sentido de nuestra vida. Esa raíz interior da sentido a todas las FELICIDADES humanas e históricas que Dios y la vida nos regalan. Desde esa raíz las podemos disfrutar y potenciar en plenitud. También desde la FELICIDAD en el Señor podremos purificar, transformar y dar sentido a los dolores y sufrimientos que son parte inexorable de la vida. Sí, en clave cristiana, la FELICIDAD puede ir de la mano del dolor y sufrimiento. No permitamos que nada ni nadie nos quite ser FELICES en el Señor. ¡Gracias Señor por tu llamado a ser FELICES!
¿Soy FELIZ? ¿Dónde encuentro la alegría en mi vida cotidiana? ¿Qué me provoca el llamado de Jesús a ser FELIZ? ¿Busco purificar mi búsqueda de FELICIDAD? ¿Soy FELIZ en el Señor? ¿Dejo que la FELICIDAD en Dios invada todos los momentos de mi existencia? ¿Comunico a mis hermanos la FELICIDAD profunda y verdadera que solo es posible en el Señor?
3. ¡AY de ustedes!
Las bienaventuranzas en Lc, a diferencia de Mt, concluyen con cuatro AY. La expresión AY en la lengua española, en clave gramatical, es una interjección que denota un sentimiento vivo. En su trasfondo oriental antiguo y en marco bíblico era una expresión usada en los ritos fúnebres. Con lo cual denota un sentido de tristeza y muerte. AY, más que amenaza, como matiz particular del español actual, en este texto bíblico represente un sentimiento vivo de tristeza y muerte por lo que está aconteciendo. ¿Qué es lo que está aconteciendo? Es la situación de los ricos y satisfechos que no ponen en Dios su confianza y no han sido capaces de mirar en su entorno para socorrer al hermano pobre y necesitado. AY de ustedes dice el Señor a los que cerrados en sí mismos no se abren al misterio de Dios y de los hermanos, los que viven en una constante autoreferencialidad como nos recuerda tantas veces el Papa Francisco. Los que viven en esta situación aunque rían y sean elogiados por el mundo están muertos en vida. Los AYES terminan siendo el contenido de su existencia en contraposición a la felicidad que nos llama el Señor.
¿Qué implica para mí la frase “AY de ustedes”? ¿Puede ser que el Señor la diga de mí por algún motivo o circunstancia? ¿Cuáles son los motivos por los que Jesús diría hoy “AY de ustedes” a la gente de mi ambiente? ¿Mi mundo cotidiano podría recibir el reproche “AY de ustedes” del Maestro? ¿Qué puedo hacer para superar la tentación de la autoreferencialidad? ¿Busco estar atento a las necesidades de mis hermanos, especialmente de los más pobres y necesitados?
+Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina
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