«Se transfiguró en presencia de ellos».

En este camino cuaresmal hacia la Pascua la Iglesia nos invita a contemplar el rostro transfigurado de Jesús, un rostro divino-humano, lleno de paz y de gloria, colmado de luz y compasión. La transfiguración tuvo lugar en el monte Tabor, los testigos de esta revelación trinitaria fueron aquellos discípulos que estuvieron más cerca de Jesús en momentos fundamentales de su existencia. Pedro queda perplejo ante la manifestación gloriosa del Señor y sólo atina a decir: «¡Qué bien estamos aquí…!». El gozo se confunde con el temor, el misterio de Dios sobrecoge y a la vez asusta, Pedro tendrá que caminar mucho para reconocer que Dios es más fuerte y poderoso cuanto más se acerca a la debilidad humana.

Subir al monte de la Transfiguración es la propuesta de la Cuaresma, el Señor nos invita a «dejar» nuestra posición cómoda y tranquila (como lo hizo con Abraham en la primera lectura) y a emprender un nuevo camino. Toda subida es ardua, hay que deshacerse de equipajes inútiles, pero no subimos solos, es el Señor el que va por delante y nos guía por el sendero de la oración, de la penitencia y de la caridad.

Allí, en la cumbre, en la Pascua, nos espera la manifestación gloriosa de nuestro Dios, uno y trino, cercano y trascendente, glorioso y compasivo. Transfigurar nuestras vidas, empeñarnos a un cambio profundo, revertir las actitudes negativas y pesimistas, purificar nuestro corazón de los afectos desordenados, abrirnos al amor desinteresado, buscar el bien común por encima de los intereses particulares, ser justos y solidarios, éste es nuestro trabajo cuaresmal.

Pablo, en la segunda lectura, nos invita a permanecer firmes en el sufrimiento, no porque seamos masoquistas, sino porque Dios nos ha llamado a una vida nueva.

La gracia de la Buena Nueva es la liberación de la muerte con todas sus consecuencias, esa gracia nos la ha otorgado Jesús, muriendo por nosotros y haciendo brillar la vida incorruptible.

El cristiano debe impregnar con sus obras y sus palabras que Dios está vivo, que no somos unos condenados a una vida sin sentido, que en el mundo existe una Verdad que debe ser anunciada, un Camino que conduce a una Vida que transforma el corazón del hombre y lo llena de amor, de alegría y de paz. Esta tarea no es fácil, el desaliento y la incredulidad son tentaciones muy fuertes, pero confiados en la gracia de Dios lo imposible se hace posible.

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