«El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz»
En la persona de Jesús se cumple la profecía de Isaías, una luz de salvación brilla en la oscuridad de la noche, una lucesita de esperanza se ha encendido en medio de las tinieblas.
Durante siglos el mundo esperaba que la salvación llegase a remediar los frutos del pecado, para los hombres el camino a la felicidad última estaba cerrado, sólo Dios puede abrir la puerta que un día se cerró por la desobediencia humana.
Caminando por los caminos de Galilea, a orillas del lago, Jesús invita a algunos pescadores a que lo sigan, ellos, dejando sus barcas y sus redes, comienzan la apasionante aventura de ser apóstoles del Señor.
No se fijó Jesús en sus cualidades intelectuales, no le servían para su Reino peritos expertos en la materia, sino hombres sencillos que dejaran modelar su corazón y supieran amar al Salvador del mundo.
Los pescadores son hombres simples, acostumbrados al trabajo, comen del fruto de sus esfuerzos, viven dependiendo de la suerte de una buena noche de pesca. A estos hombres el Hijo de Dios invita a su seguimiento, les habla de una pesca que por ahora no entienden, pero poco a poco comprenderán lo que significa ser «pescadores de hombres».
Ellos, los apóstoles, aprenderán la lección del desprendimiento, reconocerán que no hay mayor felicidad que entregarse al servicio de los demás. Gozarán ante las palabras del Maestro que los invita a amar hasta dar la vida. En las largas tardes junto al mar aprenderán la doctrina del Evangelio, serán testigos de los milagros, llevarán el pan multiplicado a la multitud para que se alimente, mirarán cómo perdona Dios, de qué manera sale a buscar a la oveja perdida, cómo recibe al hijo pródigo. Tendrán que superar las discusiones estériles, las búsquedas de poder y de dominio, les costará mucho reconocer que reinar es servir, que para ser el primero hay que elegir el último lugar, que para llegar al éxito hay que pasar por las horas amargas del fracaso y de la cruz.
Esta página del Evangelio es un canto de esperanza y una invitación a ser cada día mejores apóstoles de Jesucristo.
Nuestra vocación bautismal es un seguimiento: para seguir al Señor hay que dejar las redes y las barcas, hay que caminar hacia nuevos horizontes, ser capaces de nuevos desafíos, no quedarse instalados en esquemas perimidos.
A los apóstoles se les invita a nueva vida, con una nueva doctrina, pescarán en aguas profundas y obtendrán fruto abundante. Ya no se tratará de peces multicolores sino de almas convertidas, pecadores perdonados, enfermos sanados, se cumplirá lo que anunció el profeta: «sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz».
descargá la Homilía acá: https://drive.google.com/file/d/1qUxENKaRWAlcxi2V25FLXTZw6bBf9HHr/view?usp=sharing







