Con un templo colmado de fieles, asumió este domingo 16 de febrero el nuevo párroco de Jesús Obrero. El presbítero Fernando Mendoza fue recibido por decenas de fieles de las comunidades en las que se desempeñó en Mar del Plata así como también de las localidades de Miramar y Necochea.
La Misa fue presidida por monseñor Ernesto Giobando, quien destacó la disponibilidad del flamante párroco para asumir esta nueva tarea encomendada, y agradeció el acompañamiento de las comunidades que se hicieron presentes en la celebración.
En su homilía el Administrador Apostólico aseveró que “aquí el Padre Fernando recibirá nuevos rostros que van entrando en el corazón, en nuestros afectos, para que podamos así asumir con un corazón paternal una nueva comunidad. Ser padre o madre no significa únicamente tener un hijo, sino vivir la paternidad y la maternidad.”
Comentando el Evangelio explicó que “cuando decimos que los cristianos tenemos que ser pobres no nos referimos solo a las cuestiones materiales sino a un corazón que está disponible, un corazón que está lleno de Dios que es nuestra principal riqueza” y destacó “el que tiene a Dios ya tiene todo, no le falta nada, y más aún no se tiene que preocupar de nada más que Dios sea amado, que Dios reine en los corazones, esa es la tarea evangelizadora, llevar a Jesús al corazón cada uno de los que ustedes.”
“El ser humano busca la felicidad y a veces hasta desordenadamente porque hay distintas felicidades. Para algunos la felicidad es tener, poseer, el dinero, algunos ponen su corazón en eso. Y toda la vida viven para ver si van a tener más en esta vida” agregó.
Y prosiguió “como sabemos Jesús nos enseña que no hay que acumular tesoros en esta tierra, que nuestros tesoros están en el cielo, y para ello tenemos que tener confianza, que es la segunda enseñanza de la lectura de este día. La Biblia nos dice que aquellos que confían en el hombre y no confían en Dios esos, son como esos yuyos que se los lleva el viento, y a los que confían en Dios los llama benditos.“
Finalmente dirigiéndose al flamante Párroco le dijo “querido Fernando: después de un año te voy conociendo, sé que sos muy buena persona, muy buena gente como decimos y buen cura; acá tenés una comunidad que se te confía: ellos van a poner la confianza en vos, confia también en ellos, en esta comunidad.”
Al finalizar la celebración el padre Fernando manifestó a los files: “El Señor fue renovando, reiterando su llamado a lo largo de estos 27 años de sacerdote. Hoy me ha resultado muy significativo, a medida que iba realizando el rito de la aspersión y viendo los rostros de muchos de ustedes, identificar las comunidades de San José de Balcarce donde comencé siendo sacerdote, como vicario parroquial, la comunidad de Santa Ana, que fue mi “conejito de Indias”, pobres, siempre digo lo mismo, pero son necesarios esos primeros pasos impetuosos que después con el tiempo se van atemperando. Luego la hermosa comunidad de San Andrés de Miramar, esos 12 años, una hermosa experiencia del interior de la diócesis. Bendigo a Dios por mis dos experiencias de párroco tanto en Miramar, 12 años, como también en Necochea, en las parroquias de Santa María del Carmen y de Pompeya, que me transmitieron una mirada muy linda de la Iglesia.”
Y prosiguió “vamos a caminar juntos. Providencialmente en un año jubilar marcado por la esperanza. Cristo entre nosotros, esperanza de la gloria. Quiero ser eso también para ustedes. Yo entre ustedes quiero ser un signo de esperanza y también necesito que ustedes lo sean para mí. Cuándo me enteré que venía aquí, a Jesús Obrero, se me vino a la mente una frase del Papa Benedicto, en el día en que fue elegido Papa, y se presentó como un humilde trabajador de la viña del Señor y esas palabras quiero que también me definan, quiero ser un humilde obrero de la viña del Señor, aquí en Jesús Obrero.”
“Vengo de una familia de trabajadores, como la mayoría de nosotros. El trabajo siempre fue un don y una gracia en mi casa. Mi papá, levantándose muy temprano, ya que era viajante, y mi mamá también cuando las cosas empezaron a no andar bien se arremangó y transformó bolsas de harina en pasteles, empanadas, ravioles y fideos. La Eucaristía nos compromete al trabajo en la evangelización” aseveró.
Y finalizó “agradezco a Monseñor Ernesto la confianza, no solamente de ponerme aquí sino la confianza a lo largo de este año que ha sido duro, y agradecer que se puso la diócesis al hombro. También agradezco la presencia de los hermanos sacerdotes fundamentalmente el querido padre Ezequiel hasta hoy administrador de esta parroquia”.












