“El Señor te bendiga y te proteja” (Núm 6,24) Al comenzar un nuevo año elevamos nuestras ojos a lo alto y estrechamos nuestras manos para invocar al Señor y recibir su bendición.
La Virgen María, cuya memoria se celebra el primer día del año, es testigo de la bendición del Padre Dios. Ella se convirtió en Madre de Dios al recibir en su seno a Jesús, El Salvador y nos invita a recibirlo en nuestros corazones.
Comenzamos un nuevo año con el compromiso de ser artífices de la Paz, como nos enseña el papa Francisco: para construir una paz duradera es necesario el diálogo intergeneracional, la educación que genera libertad y responsabilidad y el trabajo que dignifica a la persona y a la familia.






