Es el lema de la ordenación sacerdotal del diácono Juan Marcos Degl’Innocenti que se realizará el próximo viernes 15 a las 19hs en la Iglesia Catedral.

Testimonio de Juan Marcos

“Fijemos la Mirada en Jesús”. Éste es mi lema de ordenación y es la expresión de cómo llego hasta aquí. Tuve la gracia de nacer en una familia muy comprometida con la fe y con la acción de la Iglesia. Desde muy chico, la parroquia fue mi segunda casa. Pero como decía un sabio sacerdote, Dios tiene hijos, no nietos. Es por eso que, entre los 17 y los 18 años, después de una fuerte experiencia con el Espíritu Santo, comencé a servir a Dios con todo el corazón. Sin embargo, no me imaginaba que Él me llamaba a ser Sacerdote. Como todo joven católico, uno se pregunta “para qué me quiere Dios”, pero no fue sencillo encontrar esa respuesta. Lo primero fue descubrir que “Dios me quiere” por encima del “para qué” y en ese Amor fui descubriendo y madurando que mi plenitud estaba en servirlo a él y a su pueblo.

Con 25 años, habiendo estudiado, trabajado y con una vida bastante “cómoda” comencé un proceso de discernimiento vocacional más profundo. Así pude ver que la entrega total de mi vida al servicio de Dios, en el Sacerdocio Ministerial, era lo que Él me pedía.

A los 27 años ingresé al seminario. Fue un tiempo de maduración, de gestar con mucha libertad este sí al que estoy llegando. Por supuesto que en el camino hubo altibajos, dudas, confirmaciones, desencantos y rencuentros. Pero si hay algo de lo que no pude dudar nuca es de que “Él es fiel”.

Estos dos últimos años de formación en la diócesis, primero como seminarista y ahora como diácono, fueron más que una “práctica ministerial”: fueron un verdadero tiempo de confirmación del camino transitado, para poder reconocer con mucho realismo que, únicamente, por Su Gracia hoy llegué aquí.