Durante esos días, las comunidades que integran la parroquia compartieron un nutrido programa de actividades que comenzó cada jornada a las 9 con la oración comunitaria, continuó con la misión por las calles del barrio y, a las 17, ofreció diversos espacios formativos y de encuentro. Se desarrollaron talleres de Crianza “Acompañar desde la Ternura”, espacio Bíblico, Artesanías y un taller sobre Adicciones —“¿Cómo acompañar?”—, además de encuentros especialmente destinados a niños y jóvenes. La semana culminó con una gran Peña Familiar que reunió a vecinos y misioneros en un clima de alegría y fraternidad.
Cada celebración eucarística tuvo una intención particular: se rezó por la paz y la justicia, por los enfermos, por los difuntos y por el trabajo. También se celebraron bautismos, signo de la vida nueva que brota en la comunidad.
La comunidad recibió además al obispo diocesano, monseñor Ernesto Giobando, quien celebró su primer año de ministerio episcopal en la diócesis. Con su presencia y su palabra se dio cierre a esta semana de misión parroquial. En su homilía, el obispo destacó el sentido profundo de la experiencia vivida, definiendo la carpa como “la carpa del encuentro, donde María nos reúne y nos envía a misionar”.
De este modo, la Carpa Misionera fue signo visible de una Iglesia en salida, cercana a su pueblo y comprometida con la realidad del barrio. Con gratitud por lo compartido y renovado entusiasmo evangelizador, la comunidad ya espera el próximo año para reencontrarse bajo la querida Carpa.
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