Sínodo

30 Jul, 2020

DOMINGO 18º DURANTE EL AÑO. CICLO A 2020.

En el Domingo 18º durante el año, el padre Obispo Gabriel nos ofrece tres puntos para analizar: 1. “COMPADECIÉNDOSE de la muchedumbre” 2. “Denles de COMER ustedes mismos” 3. “¿Quién podrá separarnos del amor de CRISTO?”

Domingo 18º Durante el año. Ciclo A. 2 de agosto de 2020.
Primera lectura: Is 55,1-3 | Salmo: Sal 144,8-9.15-18 | Segunda lectura: Rom 8,35.37-39 | Evangelio: Mt 14,13-21

Contemplamos en el Evangelio de este Domingo el relato de la multiplicación de los panes. Un texto que está presente seis veces en el NT: dos en Mt, dos en Mc, una en Lc y una en Jn. Es evidente que este milagro-signo realizado más de una vez por el Señor ha impactado fuertemente en la primitiva comunidad cristiana y es por ello que los evangelistas lo transmiten tan intensamente. No hay dudas, y es más que obvio, el sentido eucarístico que tiene la narración. La forma cómo se narra la distribución nos conecta directamente con el misterio de la Eucaristía: Jesús, Pan Vivo bajado del Cielo, alimento de vida eterna.
Teniendo en cuenta esta realidad central del relato nos metemos con libertad en los textos bíblicos de este Domingo y sugerimos tres puntos para meditar sintetizados en tres palabras: COMPADECIÉNDOSE, COMER, CRISTO.

  1. “COMPADECIÉNDOSE de la muchedumbre”
  2. “Denles de COMER ustedes mismos”
  3. “¿Quién podrá separarnos del amor de CRISTO?”
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  1. “COMPADECIÉNDOSE de la muchedumbre”

Una vez más asistimos a un relato marcado por la COMPASIÓN del Señor. COMPASIÓN no es tener lástima del otro, como a veces se considera. La COMPASIÓN es, como su etimología lo señala, vivir con el otro su pasión (cum passio). Es decir: entender, captar, tener empatía con lo que el hermano está sufriendo, está experimentando como dolor, como dificultad, como cruz. El Señor mira una y mil veces a la humanidad con COMPASIÓN. Tenemos que dejarnos tocar, mirar por el Señor en su dinámica COMPASIVA para aprender a vincularnos con COMPASIÓN con nuestros hermanos. En líneas generales podemos decir que COMPASIÓN es sinónimo de misericordia. Por eso será bueno recordar lo mucho que meditamos y celebramos animados por el Papa Francisco en el Año de la Misericordia.

¿Qué es lo que más me impacta de la COMPASIÓN del Señor? ¿Me dejo mirar con COMPASIÓN por mi Dios y Señor? ¿Qué implica para mí hoy la palabra COMPASIÓN? ¿Soy un hombre, una mujer COMPASIVO/A? ¿Cuál es mi actitud ante el sufrimiento del hermano?, ¿del más cercano, del más lejano?

2. “Denles de COMER ustedes mismos”

La compasión es más que un positivo sentimiento interior. Es también capacidad de respuesta ante el sufrimiento contemplado. La verdadera compasión implica compromiso. Por eso el Señor involucra a sus discípulos y les dice: “denles de COMER ustedes mismos”. Es decir comprométanse en acompañar más al que sufre dándoles el alimento que necesitan. Este “COMER” no debe ser entendido solo a nivel material de alimento para saciar el hambre del estómago. Lo incluye, obviamente, dado que en nuestro contexto muchos hermanos y familias no tienen este pan cotidiano. El “dar de COMER” va también más allá y mira al pan afectivo, humano, cultural, religioso y espiritual. Implica pensar en el alimento más nutricio e importante que es el mismo Dios. La necesidad de COMER el Pan de la Eucaristía que tanto extrañamos en este tiempo de aislamiento por la pandemia. ¡Cuántos son los que necesitan COMER en nuestro entorno cotidiano! Que podamos ser pan y acerar el pan para saciar el hambre material y espiritual de la vida de nuestros hermanos.

¿Qué me provoca la frase de Jesús: “Denles de COMER ustedes mismos”? ¿Anhelo COMER el Pan de la Eucaristía? ¿A qué me invita…? ¿Me comprometo ante el sufrimiento del hermano? ¿A quién tendré que “darle de COMER” en mi entorno más inmediato? ¿Qué hago por saciar el hambre del ser humano que sufre en su cuerpo, alma y/o espíritu? ¿Invito a los demás a comprometerse en este gran desafío de “dar de COMER”?

3. “¿Quién podrá separarnos del amor de CRISTO?”

Para ser compasivo y estar comprometido con el hambre del hermano debemos estar profundamente unidos a CRISTO. Solo con CRISTO es posible porque Él está unido a nosotros de forma inseparable como claramente lo dice San Pablo en la segunda lectura de hoy. Ni lo bueno ni lo malo, ni lo interior ni lo exterior… nada nos puede separar de Jesús. Queda la sensación de que el único obstáculo para estar lejos del amor de CRISTO solamente podemos ser nosotros mismos. A veces, por diversos motivos, tenemos la gran tentación de creer que la solución estaría en apartarnos del Maestro. ¡Qué bueno que podamos elegir cada día estar realmente unidos a CRISTO el Señor!

¡Qué bueno que podamos elegir cada día estar realmente unidos a CRISTO el Señor!

¿Realmente entiendo que nada ni nadie me puede separar del amor de CRISTO? ¿Busco estar realmente unido al Señor? ¿Intento estar cada día más cerca de Jesús? ¿Qué realidades a mí hoy me pueden separar del amor del CRISTO? Identificarlas y pensar un camino de purificación para estar siempre en el Señor.

El Papa Francisco en EG utiliza dos veces la frase “denles de comer ustedes mismos” pero tomada del Evangelio de Marcos. Transcribo aquí uno de estos textos porque ilumina muy bien, en perspectiva eclesial, la invitación que hoy Jesús nos hace.

EG 49. Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo. Repito aquí para toda la Iglesia lo que muchas veces he dicho a los sacerdotes y laicos de Buenos Aires: prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida. Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: «¡Denles de comer ustedes mismos!» (Mc 6,37).

+Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina

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