Domingo 26º Durante el año. Ciclo A. 27 de septiembre de 2020.
Primera lectura: Ez 18,24-28 | Salmo: Sal 24,4-9 | Segunda lectura: Flp 2,1-11 (o bien más breve 2,1-5) | Evangelio: Mt 21,28-32
Este fin de semana en la Argentina celebramos el Domingo Bíblico Nacional en fecha cercana a la conmemoración de San Jerónimo (30 de septiembre), patrono de los estudios bíblicos y de la animación bíblica de la pastoral. Esta fecha, junto a la del mes de enero que nos propone el Papa Francisco como Domingo de la Palabra, nos ayudan a valorar una vez más la Escritura leída en la Tradición viva de la Iglesia como el alimento firme y seguro para una verdadera espiritualidad. Este año 2020, además, se cumplen 1600 años de la partida de San Jerónimo. Por eso desde la Federación Bíblica Católica (FEBIC) estamos celebrando el Año de la Palabra de Dios.
El Evangelio de este Domingo es una parábola de Jesús solo transmitida por el evangelista Mt. Como a los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se nos invita a tomar partido tanto con la primera pregunta: “¿Qué les parece?”; como con la segunda: “¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?”. Que Jesús ponga de ejemplo a publicanos y prostitutas es algo blasfemo a los oídos de los judíos observantes. Los pecadores que se convierten y cambian de vida se adelantan en el Reino a cualquier supuestamente ya convertido que no es obediente a la voluntad de Dios.
A la luz de los textos bíblicos de este Domingo propongo tres puntos para meditar sintetizado en tres expresiones: BUENAS INTENCIONES, ARREPENTIRSE, UNIDAD.
- Más que “BUENAS INTENCIONES”…
- ARREPENTIRSE y cambiar
- Llamado a la UNIDAD

- Más que “BUENAS INTENCIONES”…
El refrán popular dice que el infierno está lleno de BUENAS INTENCIONES. La misma Biblia en Mt 7,21 dice: “No son los que me dicen: Señor, Señor, los que entrarán en el Reino de los Cielos sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el Cielo”. Es evidente que la obediencia concreta a la voluntad de Dios es superior a las palabras bonitas, a las BUENAS INTENCIONES. La acción evangélica siempre tiene prioridad por sobre los discursos y simples buenos deseos. Sin caer en el activismo es claro como el actuar según Dios es más importante que el hablar según Dios. El Señor nos invita no a ser voluntaristas, sino a ejercitar con su gracia el imperio de la propia voluntad para hacer el bien siempre y en todas circunstancias según el precepto evangélico. ¡Superemos la tentación de quedarnos solo con las BUENAS INTENCIONES sin concretar la verdad, el bien y la belleza que nos viene de Dios!
¿Soy «operativo» en la realización del bien? ¿Busco cumplir la voluntad de Dios en mi vida concreta? ¿Supero el solo quedarme con las BUENAS INTENCIONES para ejecutar la verdad, el bien y la belleza que nos viene de Dios? ¿“Me voy de palabra”, “me voy de boca” y luego no cumplo todo lo que dije o digo? ¿Qué implica para mí el compromiso concreto y cotidiano? ¿Supero la tentación de ser muy “discursivo” y poco activo en la ejecución de la bondad de Dios en la vida?
2. ARREPENTIRSE y cambiar
En la primera lectura y en el Evangelio aparece la expresión “ARREPENTIRSE”, que se podría también traducir como “recapacitar”, “mirar distinto”, “mirar desde otro ángulo”, “mirar desde adentro”… Es también un “abrir los ojos” para cambiar lo que no está bien en nuestra vida. ARREPENTIRSE es la actitud del primer hijo; es también la actitud de publicanos y prostitutas ante la predicación de Juan Bautista que prepara el camino de Jesús. Hoy en día la palabra ARREPENTIMIENTO no está en valor. Incluso cuando es auténtico y sincero. Queda la sensación de que ARREPENTIRSE es actitud de debilidad, impotencia o vulnerabilidad. En clave evangélica es todo lo contrario. La capacidad de ARREPENTIRSE y cambiar lo malo es signo de fortaleza, madurez y fidelidad a Dios.
¿Qué implica para mí hoy las palabras “ARREPENTIMIENTO y cambio”? ¿Tengo capacidad para mirar en mi interior y darme cuenta que tengo aspectos para cambiar? Cuando percibo que estoy en el error: ¿busco cambiar o soy soberbio y «no doy el brazo a torcer»? ¿Me cuesta reconocer que me equivoqué y cambiar de actitud para bien? ¿En qué circunstancias se puede dar esto en mi vida? ¿Ayudo a los demás a cultivar la actitud evangélica del ARREPENTIMIENTO?
3. Llamado a la UNIDAD
En la primera parte de la segunda lectura, San Pablo, realiza un profundo y sentido llamado a la UNIDAD. Hay diez recomendaciones que todas apuntan a lo mismo: buscar sinceramente la UNIDAD. La última es la más importante y sintetiza las nueve anteriores: “vivan con los mismos sentimientos que hay en Cristo Jesús”. En una sociedad tan fragmentada, dividida y enfrentada en muchos de sus niveles, esta Palabra adquiere un sentido muy profético y nos invita a superar las “buenas intenciones” y ser más operativos en el respeto, diálogo y perdón para buscar, con la gracia de Cristo, la tan anhelada cultura del encuentro que constantemente nos está proponiendo el Papa Francisco. Ante las diversas grietas que dividen nuestros ámbitos familiares, comunitarios y sociales ser artífices del diálogo y de la UNIDAD.
En mi vida relacional habitual, familia, trabajo, amigos, estudio: ¿busco tener un mismo amor, un mismo corazón y un mismo pensamiento? ¿Intento vivir la UNIDAD, incluso en las situaciones de crisis? ¿Qué puedo hacer para transmitir mejor los mismos sentimientos de Cristo Jesús en medio de la complejidad de la vida? ¿Descubro el llamado a la UNIDAD como un valor o tiendo a fortalecerme en la dureza, intransigencia y rigidez de mis posturas o puntos de vista?
+Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina
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