MISA ON LINE
“Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.”
Misa del viernes 17 de julio. Celebra el obispo Mons Gabriel Mestre y colabora el diácono Gustavo Cutropia.
Primera lectura
Apocalipsis, 12, 10 al 12:
10 Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. 11 Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. 12 Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo. (Ap. 12:10-12)
Salmo
Salmo 22
El Señor es mi Pastor, con Él nada me falta.
En verdes praderas, Él me hace recostar.
Me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por sendero justo.
Por el Honor de Su Nombre.
El Señor es mi Pastor, con Él nada me falta.
En verdes praderas, Él me hace recostar.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo porque Tú, Tú vas conmigo,
tu Vara y Tu Cayado, me sosiegan.
El Señor es mi Pastor, con Él nada me falta.
En verdes praderas, Él me hace recostar.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume y mi copa rebosa.
El Señor es mi Pastor, con Él nada me falta.
En verdes praderas, Él me hace recostar.
Tu Bondad y Misericordia, me acompañan,
todos los días de mi vida,
y habitaré en la Casa del Señor,
por años sin término.
El Señor es mi Pastor, con Él nada me falta.
En verdes praderas, Él me hace recostar.
El Señor es mi Pastor.
Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 4, 25-5.12.
Seguían a Jesús grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de Transjordania.
Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron».






