Este miércoles 4 de febrero, el obispo de Mar del Plata, Mons. Ernesto Giobando SJ, confirió ministerios a seminaristas diocesanos en el marco de la Semana Vocacional Diocesana, durante la celebración eucarística que presidió en la Catedral de los Santos Pedro y Cecilia. Concelebraron el vicario general, presbítero Hernán David; el párroco de la Catedral y encargado del acompañamiento de los seminaristas, presbítero Ezequiel Kseim, y el asesor de la Pastoral Vocacional, presbítero Juan Cruz Mennilli, junto a más de 20 sacerdotes.
Fueron instituidos lectores los seminaristas Tomás Isla González y Joaquín García Pedrosa, y recibieron el ministerio del acolitado Mariano Díaz y Stefano Sogoló. En su homilía, el obispo recordó que estos ministerios, antiguamente llamados órdenes menores, hoy son comprendidos como ministerios, subrayando así su carácter de servicio humilde al Pueblo de Dios.
La celebración coincidió con la memoria del beato cardenal Eduardo Francisco Pironio, segundo obispo de la diócesis de Mar del Plata. En los días previos había sido entronizada su imagen en un nuevo altar de la Catedral, hacia el cual el obispo junto al padre Kseim, postulador de la causa de canonización, se dirigió al finalizar la Misa para encabezar un momento de oración, pidiendo su intercesión por la diócesis.
Al reflexionar sobre el Evangelio, monseñor Giobando afirmó que “es una gracia de Dios poder gozarnos en el gozo del Señor”, y señaló que “necesitamos que Dios nos consuele, no para sentirnos bien, sino para recibir la fuerza del Espíritu Santo que nos permita llevar adelante nuestra misión y para que se haga en nosotros la voluntad del Señor”.
Dirigiéndose a quienes recibían los ministerios, explicó que en el caso de los lectores, el servicio que asumen implica “crecer en el amor a la Sagrada Escritura, leerla con devoción y dejarnos consolar por la Palabra, para poder consolar nosotros con ella en nuestra vida”. Respecto de los acólitos, destacó la importancia de “aprender todo lo referido al culto divino, procurando captar su sentido espiritual, de modo que también puedan ofrecerse a sí mismos”.
El obispo se refirió asimismo a la renovación de la liturgia, deseando que “llegue al corazón del Pueblo de Dios”, de manera que “lo que acontece en el altar no esté desprendido de la vida de los fieles, sino que la liturgia sea celebración viva del misterio de la redención”.
Al finalizar la celebración, monseñor Giobando agradeció a los formadores del Seminario y a todos los que acompañan la formación de los seminaristas, con un reconocimiento especial a los sacerdotes que dedican tiempo a los jóvenes. En ese marco recordó a un obispo ya fallecido “que era muy cercano a los jóvenes”, monseñor Rossi, y compartió que “cuando le preguntaron cuál era la clave de la pastoral juvenil, respondió simplemente: tiempo”.














