Domingo 1º de noviembre de 2020: Solemnidad de Todos los Santos.
Primera lectura: Apoc 7,2-4.9-14 | Salmo: Sal 23,1-6 | Segunda lectura: 1Jn 3,1-3 | Evangelio: Mt 4,25-5,12

Celebramos la Solemnidad de Todos los Santos. En una sola fiesta litúrgica recordamos y tenemos presente:

  • Al Dios Uno y Trino revelado en Jesucristo por el Espíritu que es el único Santo con mayúscula.
  • A todos los santos de todos los tiempos, canonizados o no, que nos han precedido en el camino de la fe, la esperanza y el amor. Son ejemplo e interceden por nosotros.
  • Que todos nosotros estamos llamados a la santidad, a ser santos en la experiencia cotidiana de nuestra vida.

A la luz de los textos bíblicos para este día propongo tres puntos para nuestra meditación, a la luz de tres palabras clave: AMOR, FELICIDAD, FIDELIDAD.

  1. El AMOR como fundamento
  2. La FELICIDAD como promesa y camino
  3. La FIDELIDAD como resultado
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  1. El AMOR como fundamento

Muchas veces al hablar de una vida de santidad pensamos en primer lugar en el esfuerzo humano por ser santos. Lo primero que hay que tener en cuenta es a Dios que nos AMA como nos recuerda la segunda lectura de hoy. Nos AMA, nos sella y nos llama a ser sus hijos, es decir, a participar de su Santidad. Por eso el fundamento real de una vida santa está en Dios que nos AMA, en el Señor que nos AMÓ primero y nos llamó a la vida en Él. Por eso, antes que nuestro esfuerzo humano por ser fieles a Dios y sus mandamientos, estará nuestra apertura de corazón a su gracia y su poder. No al revés: Dios, su Santidad, su gracia y su poder en nuestras vidas es lo primero. Esto es lo que han experimentado los santos canonizados que la Iglesia nos presenta como intercesores y modelos: el fundamento de sus vidas ha sido el AMOR. Nos recuerda el Papa Francisco: Para poder ser perfectos, como a él le agrada, necesitamos vivir humildemente en su presencia, envueltos en su gloria; nos hace falta caminar en unión con él reconociendo su AMOR constante en nuestras vidas (GEE 51).

¿Me dejo alimentar por el AMOR de Dios? ¿Dejo que su presencia Santa inunde mi corazón? ¿Doy gracias por haber sido sellado por la gracia del Bautismo y ser realmente hijo en el Hijo? ¿Cómo es mi experiencia de encuentro con el Señor? ¿Me siento llamado a disfrutar de su AMOR y su cercanía? ¿Cómo es mi oración y mi vivencia de los Sacramentos? ¿Es dinámica, vital, fecunda…? ¿O está marcada por la sola exigencia, el rigorismo, la dureza de lo que hay que cumplir?

2. La FELICIDAD como promesa y camino

El Evangelio de esta fiesta nos da la clave de la santidad: la FELICIDAD. El que se abre al amor de Dios es FELIZ, incluso en las circunstancias más complejas y dolorosas de la vida. Lo repite este texto hasta el cansancio: “¡FELICES, FELICES, FELICES…! ¡Alégrense y regocíjense!”. Estamos llamados a la FELICIDAD absoluta en la eternidad. Y esto ya se gusta y se prepara en la FELICIDAD, limitada pero real, de nuestro transitar histórico. El santo es una persona FELIZ porque tiene como mayor riqueza a Alguien que nada ni nadie le puede quitar: el mismo Dios en su corazón. La FELICIDAD es un signo distintivo del verdadero santo. Por eso dirá San Francisco de Sales: Un santo triste, es un triste santo. Y también San Juan Bosco: La santidad consiste en estar siempre alegres. Por eso tanto nos insiste el Papa Francisco que dejemos de ser cristianos de cuaresma sin pascua (EG 6) o pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre (EG 85).

¿Soy FELIZ? ¿Por qué? ¿Qué situaciones me hacen FELIZ? ¿Encuentro en Dios la verdadera y profunda FELICIDAD? ¿Entiendo la santidad en clave de FELICIDAD? ¿Busco ser FELIZ en todo momento incluso en las situaciones de cruz y de dolor? ¿Qué implica para mí hoy escuchar el texto de las bienaventuranzas? ¿Transmito alegría a los demás? ¿Soy misionero de la Pascua de Cristo o me quedé solo en el Viernes Santo? ¿Contagio FELICIDAD a los demás?

3. La FIDELIDAD como resultado

El aceptar el amor de Dios como único absoluto de nuestra vida y entrar en la promesa y camino de la felicidad que nos da la fe, serán los canales más apropiados para que podamos responder con FIDELIDAD y perseverancia al proyecto de santidad. Todo en medio de la complejidad de la vida y asumiendo nuestras propias debilidades. La primera lectura de hoy en forma solemne nos habla de aquellos “marcados” que “vienen de la gran tribulación” y han sido FIELES, perseverantes a Dios y sus mandamientos y por eso son dignos de entrar al Cielo. Esa es también nuestra meta. Ser FIELES a Dios y perseverantes en el camino, andar a contracorriente ante la mundanidad espiritual que se nos impone y transitar por las sendas del Maestro. Eso es ser santo como Él es Santo. Nos dice el Papa Francisco: La misma pacificación que obra la gracia nos permite mantener una seguridad interior y aguantar, perseverar en el bien «aunque camine por cañadas oscuras» (Sal 23,4) o «si un ejército acampa contra mí» (Sal 27,3) (GEE 121).

Aceptando el amor de Dios como primacía y la felicidad como camino: ¿busco ser santo? ¿Busco ser FIEL a la Palabra del Señor, a sus mandamientos? ¿En qué ámbitos de mi vida me cuesta más ser coherente con mi fe? ¿Veo la santidad como un camino vocacional, como un verdadero proyecto de vida en FIDELIDAD a Dios?

+Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina

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