La comunidad de la Parroquia Santa Ana de Mar del Plata celebró este domingo la solemnidad de Santa Ana y San Joaquín, abuelos de Jesús, con la Santa Misa presidida por el obispo diocesano, monseñor Ernesto Giobando SJ, y concelebrada por el párroco, presbítero Juan Cruz Mennilli, en el marco de las fiestas patronales y de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, celebrada este año bajo el lema «Yo no te olvidaré» (cf. Is 49,15), propuesto por el papa León XIV. El templo se vio colmado de fieles, que posteriormente compartieron una tallarinada parroquial de la que participaron unas 200 personas.

Al comenzar su homilía, monseñor Giobando invitó a escuchar la Palabra de Dios con un corazón sencillo y humilde. «Para entender la Palabra tenemos que tener un corazón muy humilde. Porque si no, la Palabra entra y sale. En cambio, cuando hay un corazón bien dispuesto, esa Palabra empieza a hacer efecto y está destinada a dar fruto», destacó. En ese marco, advirtió que hoy «es muy difícil escuchar» y señaló que los ruidos de la vida cotidiana, las redes sociales y el uso permanente del celular hacen que también cueste escuchar a los demás. «Ese aprendizaje de la escucha, si no se hace en casa, es muy difícil encontrar otros espacios de escucha», afirmó.

Al comentar la parábola del tesoro escondido, el Obispo recordó que el Reino de los Cielos es «algo valioso, muy valioso, por el que vale la pena dejarlo todo.» A partir de ello sostuvo que la vida cristiana debe estar marcada por la alegría: «No creo que venimos para cumplir. Yo creo que venimos a misa para encontrarnos como comunidad y encontrarnos en torno a la mesa del altar, que es lo que ocurre en casa cuando nos reunimos generalmente en torno a la mesa para compartir». Hacia el final de la predicación volvió sobre esa imagen del Evangelio invitando a cada uno a preguntarse: «¿Estoy dispuesto a dejar algo por el Reino de Dios? ¿O primero estoy yo y después Dios? El Reino de Dios es primero Dios y después lo que es mi vida». Y concluyó: «Cuando perdemos la alegría es porque estamos muy concentrados en nosotros y hay que aprender a descentrarse».

Al referirse a los santos patronos, evocó la casa de Joaquín y Ana como la casa de los abuelos, lugar de encuentro para la familia. «Un abuelo, una abuela, tiene la gracia de mirar a sus nietos a través de los ojos de sus hijos», expresó, recordando que Jesús también vivió esa experiencia en Nazaret junto a sus abuelos. Destacó además que la celebración de San Joaquín y Santa Ana manifiesta un rasgo propio de la tradición católica: «Nuestra fe católica tiene un especial amor y devoción por la Virgen, por los santos». En ese mismo contexto explicó el valor de las imágenes sagradas: «Necesitamos también de los signos. Los signos concretos nos ayudan».

Con motivo de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, monseñor Giobando invitó a leer el mensaje del papa León XIV, y recordó especialmente a quienes viven la vejez en soledad. Compartiendo su experiencia pastoral en hogares de adultos mayores, expresó: «Algo que le parte el alma a uno es cuando están en la puerta o en la ventana esperando que los vengan a ver». Vinculó esa reflexión con el lema de la Fiesta Patronal, «Santa Ana: Raíz de servicio, fruto de comunidad», alentando a acompañar a los ancianos que están solos como un servicio irrenunciable de la comunidad.

Seguidamente retomó luego otra de las ideas del mensaje pontificio y señaló que, si bien suele decirse que los ancianos pierden la memoria con el paso del tiempo, «la sociedad también ha perdido la memoria con nuestros ancianos. Yo creo que esa es más grave que la pérdida de memoria».

Comentando la primera lectura, propuso a los presentes imaginar que Dios les dirigía la misma pregunta hecha a Salomón: «Pídeme lo que quieras». Recordó entonces que el rey pidió «un corazón comprensivo, que pueda discernir entre el bien y el mal», recibiendo el don de la sabiduría. «La sabiduría es algo que se va masticando a lo largo del tiempo», afirmó, y añadió que «el que devuelve bien por mal es un hombre pacífico» y que quien evita alimentar los conflictos «desarma conflictos y no los alienta». En ese sentido, expresó que «los abuelos tienen que saber apagar incendios».

Al concluir la celebración, monseñor Giobando pidió la intercesión de San Joaquín y Santa Ana para «encontrar el tesoro» del Reino de Dios y saludó especialmente a los abuelos, abuelas y personas mayores presentes, animándolos con una sencilla exhortación: «No se lamenten, sino agradezcan».

Finalizada la Eucaristía, la comunidad compartió la tradicional Gran Tallarinada Patronal, en la que diversos grupos de la parroquia realizaron distintas actuaciones, marcando así un clima festivo que se prolongó durante toda la tarde.