En el marco del Día de la Vida Consagrada, el obispo de Mar del Plata, monseñor Ernesto Giobando sj., presidió el martes 8 de septiembre la celebración de la Santa Misa en la Carpa Misionera que la comunidad de la parroquia San Francisco de Asís está llevando adelante en el predio ubicado en Carballo y Strobel.

La celebración reunió a religiosos y religiosas de distintas órdenes y congregaciones presentes en la Diócesis de Mar del Plata. Antes de la Misa, monseñor Giobando participó de la misión que se desarrolla en el barrio y visitó algunas de las casas cercanas, compartiendo el encuentro con los vecinos.

Durante la homilía, el obispo agradeció a los consagrados por el testimonio de sus vidas entregadas al Señor y por el servicio que realizan en distintos ámbitos de la vida diocesana. Destacó especialmente “todo el bien que hacen” a través de sus carismas y de una presencia que muchas veces se desarrolla de manera silenciosa y cotidiana.

La celebración estuvo marcada también por la fiesta de la Natividad de la Virgen María. Al detenerse en la figura de María y en sus padres, Ana y Joaquín, monseñor Giobando invitó a reconocer que cada uno lleva consigo una historia, una familia y una trama de vínculos que forma parte de su propia vida.

“Todos tenemos una historia”, señaló, invitando a mirar esa historia con verdad y misericordia, y a reconocer también aquellas relaciones que necesitan ser sanadas. En este sentido, alentó a cuidar y reconstruir los vínculos, como parte de un camino de reconciliación que alcanza tanto la relación con Dios como la relación con los demás.

El obispo se refirió asimismo al significado de la Carpa Misionera como signo de una Iglesia que sale al encuentro y se hace cercana. Una carpa que se instala en medio del barrio expresa, en su sencillez, una Iglesia que quiere estar allí donde está la gente, compartir su vida y abrir un espacio para el encuentro.

En ese sentido, destacó que “la carpa es un signo de ese Dios para el que todos son bienvenidos”: un Dios que no cierra sus puertas, que sale al encuentro y que ofrece un lugar a cada persona.

La jornada permitió celebrar el don de la Vida Consagrada en un contexto profundamente misionero, uniendo la acción de gracias por la presencia de los consagrados en la diócesis con una experiencia concreta de encuentro, escucha y anuncio del Evangelio.