El domingo 12 de julio, el obispo de Mar del Plata, monseñor Ernesto Giobando SJ, presidió la celebración en la que el presbítero Juan Andrés Rosso tomó posesión como nuevo párroco de la parroquia La Medalla Milagrosa, sucediendo en el cargo al presbítero Gastón Buono, quien fue trasladado como párroco de Nuestra Señora de la Paz, en Pinamar, y participó de la celebración.
El padre Rosso llega a esta comunidad luego de desempeñarse como párroco en Santa Clara del Mar. Además, años atrás había sido vicario parroquial de Medalla Milagrosa, por lo que su regreso fue recibido con especial alegría por muchos fieles que ya habían compartido con él el servicio pastoral. Concelebraron la Eucaristía varios sacerdotes, entre ellos algunos que también ejercieron su ministerio en esta comunidad.
Durante el rito de toma de posesión se dio lectura al decreto de nombramiento firmado por el Obispo diocesano. Luego, el nuevo párroco renovó sus promesas sacerdotales y realizó la profesión de fe y el juramento de fidelidad. Como parte del rito, recibió los lugares propios de su ministerio pastoral —la sede presidencial, la pila bautismal, el confesionario, el sagrario y el altar—, signos de la misión que desde ese momento comienza a ejercer como pastor propio de la comunidad parroquial.
En su homilía, inspirada en la “parábola del sembrador”, monseñor Giobando invitó a vivir esta nueva etapa con espíritu misionero. Retomando la imagen evangélica, destacó que «así como el sembrador salió a sembrar, el párroco sale al barrio, un párroco en salida, como nos pedía el Papa Francisco: una Iglesia en salida».
El Obispo pidió especialmente que el padre Juan Andrés sea cercano a las personas y presente en la vida cotidiana del barrio, y recordó que la misión evangelizadora no recae únicamente en el sacerdote. “El párroco no hace solo la tarea pastoral, no puede, es imposible”, destacó, e invitó a toda la comunidad a comprometerse activamente en el anuncio del Evangelio.
Al reflexionar sobre la parábola del sembrador, señaló que la Palabra necesita “tierra, agua y tiempo” para dar fruto, exhortando a no dejar que las preocupaciones cotidianas impidan que esa semilla crezca en el corazón. Finalmente, animó a la comunidad a ser «tierra buena» y pidió que esta nueva etapa dé abundantes frutos de comunión y participación, recordando que «En la Iglesia no hay suplentes, somos todos titulares».
Al concluir la celebración, monseñor Giobando agradeció la disponibilidad del nuevo párroco para asumir este nuevo servicio pastoral y reconoció el fecundo ministerio realizado por el padre Gastón durante los años en que estuvo al frente de la parroquia, deseando que la semilla del Evangelio continúe dando abundantes frutos en esta querida comunidad.














