La comunidad parroquial del Padre Pío celebró el miércoles 23 de septiembre su fiesta patronal. La celebración eucarística fue presidida por monseñor Ernesto Giobando sj. y concelebrada por el párroco, presbítero Juan Pablo Arrachea, el vicario general de la diócesis, presbítero Hernán David, y el presbítero Carlos Giménez.

Durante la homilía, monseñor Giobando se refirió especialmente al ministerio sacerdotal del Padre Pío y a la experiencia de quienes se acercaban a él. Recordó que quienes lo conocieron “se encontraron con un cura bueno”, y destacó que una de las experiencias más fuertes de su ministerio fue haber pasado “años, años en el confesionario absolviendo a los fieles que se acercaban” y dirigiéndoles palabras que ayudaran en su vida cristiana. En este sentido, vinculó su testimonio con el Evangelio de la celebración: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré”.

El obispo también invitó a mirar más allá de los estigmas del santo para contemplar su manera de abrazar la Cruz. “Los estigmas no son lo más importante del Padre Pío. Lo que sí es importante del Padre Pío es cómo abrazó la Cruz”, afirmó. A partir de allí, se refirió a quienes hoy llevan “estigmas reales” en sus vidas, marcados por el sufrimiento, el abandono, las adicciones o la enfermedad, y destacó la tarea de la comunidad cristiana de acercarse a ellos para acompañarlos. “Esta cruz que llevás, dejá que yo te pueda acompañar. No la voy a solucionar, pero te acompaño”, expresó.

Hacia el final de la celebración, y en sintonía con el camino propuesto durante estos días en la comunidad, monseñor Giobando destacó el don de la comunión como fundamento de la vida parroquial. “¿Quién es el fundamento de nuestra comunión? Jesucristo”, afirmó, para señalar luego que la comunidad es también un signo visible de esa comunión: “Cuando pensamos en una parroquia, en una comunidad, pensamos en todos los que participan”.

En este sentido, llamó a ser “artífices de la comunión” y advirtió sobre el riesgo de las divisiones en la vida comunitaria: “No podemos empezar a tener estas divisiones, porque las divisiones son del diablo”. Y agregó: “El que divide es el diablo, y el que une es el Espíritu Santo”. De este modo, vinculó la comunión con una comunidad llamada a participar y a salir al encuentro de quienes más sufren, y concluyó expresando su deseo: “Que estos sean los signos fuertes de esta comunión en la parroquia”.