Sínodo

1 Dic, 2022

DOMINGO 2º DE ADVIENTO. CICLO A 2022

En el Domingo 2º de Adviento, el padre Obispo Gabriel nos ofrece tres puntos para reflexionar: 1. Convertirse quitando OBSTÁCULOS 2. “¡Conviértanse raza de VÍBORAS!” 3. Convertirse a JESÚS

Domingo 2º de Adviento Ciclo A – 4 de diciembre de 2022
Primera lectura: Is 11,1-10 | Salmo: Sal 71,1-2.7-8.12-13.17 | Segunda lectura: Rom 15,4-9 | Evangelio: Mt 3,1-12

Continuamos caminando en el kairós de este nuevo tiempo de Adviento que el Señor nos regala. A la luz de la Palabra de este Domingo propongo tres puntos para nuestra oración. Tomo como eje la palabra conversión que aparece tres veces en el Evangelio y la acompaño de otras tres que marcan los tres impulsos: OBSTÁCULOS, VÍBORAS, JESÚS.

  1. Convertirse quitando OBSTÁCULOS
  2. “¡Conviértanse raza de VÍBORAS!”
  3. Convertirse a JESÚS
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  1. Convertirse quitando OBSTÁCULOS

Juan el Bautista anuncia la conversión porque el Reino de los Cielos está cerca. En un primer nivel, a la luz de la frase de Isaías que se cita, convertirse implica preparar el camino del Señor allanando los senderos. Esto implica quitar todo OBSTÁCULO para liberar el camino. La espiritualidad de conversión del Adviento reclama sacar todos los OBSTÁCULOS que no permitan que el Señor llegue a nuestro corazón. Podemos pensar en todo lo que nos complica y no nos permite dedicarnos un poquito más a la oración y a al servicio de los hermanos como visita del Señor.

¿Qué OBSTÁCULOS hay en mi vida hoy…? ¿Cuáles son los OBSTÁCULOS más serios que impiden que Jesús “venga” a mi corazón…? ¿Qué puedo hacer para “allanar los senderos” de mi vida espiritual? ¿Qué puedo hacer de forma puntual y concreta hoy, diciembre de 2022? ¿Deberé orar más, quitar o regular mejor ansiedades inútiles, bajar un poco el uso excesivo de los medios de comunicación…?

2. “¡Conviértanse raza de VÍBORAS!”

Avanzando con el texto evangélico, Juan habla específicamente a las personas de los dos grupos más religiosos de su tiempo: fariseos y saduceos. Y los invita a la conversión con mucha dureza, llamándolos “raza de VÍBORAS” y recordando la “ira de Dios”. El Bautista denuncia con claridad que se contentan con un simple ropaje de religiosidad pero no producen el fruto de una sincera conversión. Es llamativo que desnude al mismo tiempo y con las mismas palabras a estos dos grupos que en sí eran bastante antagónicos. Siendo diferentes caían en el mismo pecado de falsa religiosidad siendo “raza de VÍBORAS”. Esta dureza hoy nos toca recibirla a nosotros, hombres y mujeres religiosos de comienzos del siglo XXI. Debemos revisar con mucha sinceridad nuestra religiosidad, nuestra forma de vivir y transmitir la fe para ver si es auténtica o está teñida por la superficialidad, la ideología o la idolatría. Nosotros podemos ser los nuevos fariseos y saduceos “raza de VÍBORAS” que no convertimos nuestro corazón.

¿Descubro que la conversión es un tema serio? ¿Capto que la conversión es una necesidad imperiosa también para mí que soy un/a hombre/mujer cristiano comprometido de este tiempo? ¿Por qué Jesús hoy podría decirme “raza de VÍBORA”? ¿Cómo es mi religiosidad…? ¿Cómo es mi vida de fe…? ¿Es sincera, profunda, auténtica, coherente…? ¿Puedo caer en la tentación de estos fariseos y saduceos…?

3. Convertirse a JESÚS

Juan Bautista anuncia al que es más poderoso, al que los “bautizará en el Espíritu Santo y el fuego”. Ese es JESÚS, el Mesías, el Señor y Salvador. Es Cristo, el servidor que nos acogió, como dice Pablo en la segunda lectura. A Él y solo a Él debemos convertirnos. La conversión es más que un simple cambio moral. La conversión es cambio y apertura a la novedad de JESUCRISTO en nuestra vida. Al que puede lograr el nuevo estado de las cosas que describe Isaías en la primera lectura: armonía total entre lobo y cordero, leopardo y cabrito, vaca y osa, león y buey, niño y víbora. El que se convierte a JESÚS logra, por la gracia del Señor, un nuevo estado de equilibrio en su interior. Los enfrentamientos ordinarios de la naturaleza, lobo y cordero, leopardo y cabrito… se dan de alguna forma desordenada en nuestro interior psico-espiritual. Las pasiones, pulsiones, deseos, desórdenes, búsquedas, anhelos… se entrecruzan de forma anárquica en los corazones provocando mucha división interior y exterior. Convertirse a Jesucristo es la garantía de un nuevo estado interior donde todo tiende a armonizarse en la misma gracia de Dios. No busquemos armonizarnos en tanta autoayuda superficial y falsamente religiosa; busquemos armonizarnos en el único que hace nuevas todas las cosas: JESÚS, el Salvador, el que viene a nuestro encuentro, al que nos tenemos que convertir de corazón.

JESÚS viene a mi encuentro: ¿Elijo convertirme a Él? Ante la división interior: ¿Anhelo el “nuevo estado” que Isaías anuncia en la primera lectura y que se hace presente en JESÚS, el Mesías? ¿En dónde busco la paz y la armonía auténtica? ¿En “control mental”, en “yoga”, en grupos de autoayuda muy superficiales…? ¿O la encuentro en el único que realmente puede otorgarla: JESUCRISTO el Señor?

+Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina

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